El ecosistema digital del presidente Javier Milei experimentó durante septiembre un repunte en su imagen pública que se tradujo en una recuperación de diez puntos porcentuales. Este avance estuvo sostenido casi en su totalidad por la irrupción de la agenda internacional, el reclamo por la soberanía de las Islas Malvinas y el discurso brindado ante la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas. No obstante, este inusitado respiro en el terreno virtual no alcanzó para modificar la tendencia marcadamente negativa que atraviesa su gestión en las plataformas digitales, ni tampoco sirvió para recuperar los niveles de centralidad y protagonismo de etapas anteriores.
De acuerdo con el relevamiento elaborado por la consultora Ad Hoc, centrado en las interacciones y conversaciones registradas en Twitter, Facebook, Instagram y servicios de streaming durante el último mes, se completó un ciclo de ocho meses consecutivos donde predomina ampliamente la negatividad en torno a la figura presidencial. A este escenario de desgaste persistente se sumó, por segundo mes consecutivo, una contracción en la cantidad total de menciones, lo que evidencia que la conversación pública digital gira en torno a un volumen menor de usuarios y con menor intensidad global.
La estrategia de la geopolítica para blindar la gestión interna
El análisis sectorial de los datos demuestra que La Libertad Avanza encontró en los asuntos macroeconómicos y en la proyección internacional una vía táctica para correr el foco de los problemas domésticos cotidianos, tales como el impacto del desempleo, la pérdida de poder adquisitivo y el endeudamiento de los sectores medios. La cadena nacional emitida a comienzos de septiembre, en la cual el mandatario anunció nuevas sanciones contra empresas británicas y convocó a la unidad nacional en torno a la causa Malvinas, funcionó como el principal motor de esta bocanada de aire fresco en el terreno de las redes sociales.
Las referencias cruzadas entre la gestión libertaria y conceptos como soberanía, Estados Unidos y la Organización de las Naciones Unidas lograron niveles de aceptación positiva inusuales para el promedio de la administración actual. Las menciones vinculadas a Malvinas y soberanía rozaron las 240.000 apariciones con un índice de positividad cercano al cuarenta y tres por ciento, mientras que el discurso en el organismo internacional trepó hasta el cincuenta por ciento de aprobación en las métricas sectoriales. Sin embargo, los analistas advierten que la magnitud de estas conversaciones fue decreciente en comparación con años anteriores, reflejando una fatiga estructural en la capacidad de movilización discursiva del oficialismo.
En la contracara de este fenómeno subsisten los coletazos de las crisis institucionales y financieras previas, cuya inercia negativa continúa pesando sobre el humor de los usuarios. La reactivación de las comunidades digitales alineadas con el oficialismo, coordinadas por referentes partidarios e influencers del espacio, logró imponer tendencias globales en momentos clave, pero no logró obturar el malestar latente cuando la discusión pública retorna inexorablemente hacia la economía doméstica y la microeconomía diaria. De este modo, la administración federal transita un delicado equilibrio donde los éxitos diplomáticos y retóricos sirven como contrapeso temporal frente al desgaste acumulado en el territorio nacional.




