El mapa del poder económico en la Argentina contemporánea experimenta reconfiguraciones profundas al ritmo de las políticas de desregulación y privatización impulsadas por el Gobierno nacional. En este escenario, el apellido Román emerge con una centralidad inusitada. Ochenta años después de que Alfredo Simón Román cimentara las bases del conglomerado de transporte y logística que lo consagró como el histórico "zar de las grúas", la nueva generación de herederos consolida su participación en los negocios más codiciados de la infraestructura estratégica del país.
A pesar de que el clan familiar se fragmentó operativamente en 1996 cuando los hermanos decidieron dividir sus áreas de influencia, los distintos miembros de la familia gravitan con fuerza propia en sectores tan diversos como el portuario, el saneamiento urbano y la logística. Lejos del hermetismo tradicional que caracterizó a los pioneros de la dinastía, la actual camada empresarial interseca de lleno con las grandes decisiones de la gestión libertaria, generando tanto adjudicaciones millonarias como intensos debates institucionales y políticos en el arco legislativo.
De Aysa a la Hidrovía: la expansión en sectores estratégicos
El salto cualitativo más resonante se concretó cuando el consorcio liderado por Rowing SA —empresa encabezada por Walter Román— se impuso en el proceso para quedarse con el paquete accionario mayoritario de Aysa. La oferta presentada superó holgadamente las expectativas financieras iniciales y vino acompañada de un compromiso de inversiones a largo plazo. Sin embargo, esta operación no estuvo exenta de turbulencias políticas. Inmediatamente tras la apertura de sobres, legisladores nacionales de la oposición formalizaron presentaciones judiciales para exigir la revisión de las tasaciones oficiales y frenar la ejecución del contrato mediante medidas cautelares.
En paralelo, la presencia de la familia se extiende hacia las arterias fluviales del comercio exterior. A través de la firma Servimagnus, conducida operativamente por Leonardo Román, el apellido familiar forma parte del consorcio adjudicatario de la Hidrovía Paraná-Paraguay, operando junto a capitales internacionales en la vía navegable troncal por donde circula la abrumadora mayoría de las exportaciones agroindustriales argentinas. Esta inserción en nodos logísticos críticos reaviva el debate sobre la concentración económica y el rol del sector privado en la administración de los bienes públicos.
Aportes de campaña y la inserción en el establishment
La sintonía entre los intereses corporativos de los Román y la impronta oficialista también encuentra correlato en los registros formales de financiamiento político. Documentación oficial de la Cámara Nacional Electoral constata aportes monetarios efectuados por empresas vinculadas al grupo durante los procesos proselitistas que catapultaron al oficialismo al poder. No obstante, desde los entornos empresarios se retienen las etiquetas de favoritismo, atribuyendo las suspicacias a pujas intestinas entre competidores del mercado.
A este entramado se suma la creciente visibilidad pública de Karina Román, quien logró trascender el histórico bajo perfil del clan para posicionarse en espacios de máxima influencia corporativa, tales como el Foro Llao Llao y círculos académicos de élite. Mientras el proceso privatizador avanza a paso firme bajo la tutela de la Casa Rosada, la familia Román reconfigura su peso específico, transformándose en el espejo donde se reflejan las nuevas reglas de juego del capitalismo vernáculo.




