El gobernador bonaerense Axel Kicillof consolidó una nueva jugada en su estrategia de proyección nacional al recibir la participación de funcionarios de educación enviados por administraciones provinciales de distintos signos políticos. El cónclave, desarrollado en el histórico Teatro Argentino de La Plata bajo la excusa conmemorativa de los 150 años de la legislación fundacional de la escuela primaria bonaerense, funcionó como una plataforma para exhibir musculatura política y tender puentes hacia el interior del país en el camino hacia la contienda presidencial.
La presencia de representantes enviados por los gobernadores Martín Llaryora de Córdoba, Sergio Ziliotto de La Pampa y Hugo Passalacqua de Misiones expuso la persistencia de un tejido de relaciones institucionales y políticas que trascienden las fronteras de la provincia de Buenos Aires. Aunque con matices y cercanías disímiles, el desembarco de las carteras educativas de estas jurisdicciones en territorio platense dejó en evidencia los movimientos tácticos que se multiplican en paralelo al reordenamiento general de la oposición al gobierno nacional.
Un puente hacia el centro y el litoral
El caso de Córdoba acaparó las lecturas políticas más finas debido al resguardo que el mandatario mediterráneo mantiene respecto de las etiquetas partidarias tradicionales. Sin embargo, la asistencia del secretario de Educación cordobés, Luis Franchi, ratificó los canales de diálogo subterráneo que Kicillof cultiva con referentes de peso fuera del peronismo ortodoxo. Desde el entorno del gobernador cordobés minimizaron la lectura electoral y atribuyeron la participación a una dinámica estrictamente sectorial, aunque en la capital bonaerense interpretan cada gesto como un eslabón indispensable para la construcción de una alternativa de alcance federal.
A este movimiento se sumaron la ministra pampeana Marcela Feuerschvenger y su par misionero Ramiro Aranda, completando un mosaico de presencias que confirma la voluntad del mandatario provincial de sostener una agenda de gestión con interlocutores de diversas geografías. La articulación educativa sirvió como denominador común para plantar postura frente a las políticas de ajuste presupuestario impulsadas por la administración central, un eje discursivo que el mandatario bonaerense utiliza para unificar reclamos con mandatarios provinciales acorralados por la caída en la coparticipación y la paralización de la obra pública.
El trasfondo de estos movimientos se da en un escenario de tensión permanente con la Casa Rosada, marcado por el recorte de fondos discrecionales y la disputa por los recursos provinciales. En ese marco, Kicillof prepara una agenda de recorridas por distritos opositores como Chubut, Entre Ríos y Jujuy, planificadas para desarrollarse inmediatamente después de la conmemoración del Día de la Lealtad. La estrategia apunta a posicionar al Ejecutivo bonaerense como el eje articulador de la resistencia institucional, combinando la gestión local con una fuerte presencia en conflictos sectoriales de alto impacto público, como la movilización en defensa de la universidad y la educación pública.




