La producción hortícola del partido de La Plata atraviesa un escenario crítico marcado por la imposibilidad de comercializar las cosechas a valores que permitan cubrir los gastos básicos de recolección y traslado. En diversos establecimientos productivos de la región, hectáreas enteras de verduras de hoja quedan en los campos sin ser levantadas, utilizadas como alimento para animales o directamente eliminadas para liberar el suelo de cara a la próxima siembra.

El fenómeno, que se profundiza con la llegada de las temperaturas más cálidas de la primavera, afecta de manera directa a hortalizas de ciclo rápido como acelga, espinaca y lechuga, además de cultivos como brócoli, coliflor y puerro. La condición altamente perecedera de estos alimentos acorta de forma drástica los márgenes de maniobra para los productores, quienes advierten que aguardar una mejora en la demanda deriva inevitablemente en la pérdida total de la calidad comercial.

Desde el sector productor señalan que la problemática no surge únicamente de la ausencia absoluta de compradores, sino de ofertas económicas que se ubican muy por debajo de los costos operativos indispensables para sacar la mercadería del campo. Cosechar, acondicionar, cargar y transportar exige una inversión de capital y mano de obra que, en el contexto actual de precios de origen deprimidos, profundiza el rojo financiero de los establecimientos.

«Cuando el dinero que se espera recibir no alcanza para afrontar las tareas de cosecha, enviar la mercadería al mercado lo único que hace es agravar la pérdida. El cultivo tiene valor como alimento, pero su venta no permite recuperar lo invertido», explicaron referentes del sector productivo local.

Un entramado productivo de gran escala bajo presión

Los datos oficiales reflejan la magnitud del sector afectado en el partido. El Relevamiento Florihortícola Platense sitúa en casi 2.300 las explotaciones dedicadas a esta actividad en la región, las cuales ocupan cerca de 5.000 hectáreas y generan puestos de trabajo para más de 6.000 personas. Con una producción anual estimada que supera las 95.000 toneladas —en su enorme mayoría hortalizas—, las dificultades actuales ponen en jaque la sustentabilidad económica del principal cordón verde de abastecimiento para los centros urbanos.

A esta compleja ecuación comercial se suman los históricos inconvenientes estructurales vinculados al estado de los caminos rurales en el distrito. Las dificultades de transitabilidad no solo demoran el egreso de los alimentos frescos hacia los mercados concentradores, sino que encarecen la logística y multiplican los riesgos de pérdida de mercadería antes de llegar a las góndolas y verdulerías.

Mientras se discute la brecha existente entre los valores percibidos en la tranquera y los precios finales que abonados por los consumidores, los productores locales enfrentan el dilema inmediato de definir qué porción de la cosecha levantar y qué parte resignar en la tierra. El ciclo productivo continúa su marcha inexorable, pero cada nueva siembra se inicia arrastrando el peso económico de una campaña anterior que no logró cubrir sus costos.