El histórico conflicto entre el sector de taxistas tradicionales y los conductores que operan a través de aplicaciones digitales volvió a escalar en las calles de la capital bonaerense, donde se registraron nuevos episodios de hostigamiento, persecuciones y cruces verbales de extrema tensión durante las últimas horas. Pese a las reiteradas advertencias sobre la convivencia en el espacio público y las gestiones legislativas pendientes para regular la actividad, la falta de un marco normativo claro profundiza un escenario de confrontación diaria que afecta tanto a los trabajadores de ambos bandos como a los usuarios que utilizan estos servicios.
Las alarmas se encendieron nuevamente tras una serie de incidentes ocurridos en zonas neurálgicas del casco urbano, como la intersección de avenida 7 y la calle 56, además de los alrededores de Plaza Moreno y la Estación de Trenes. En esos puntos, conductores de plataformas digitales denunciaron haber sufrido encerronas, amenazas directas y daños materiales en sus rodados mientras realizaban viajes. La situación de vulnerabilidad no solo recae sobre los choferes, sino también sobre los pasajeros, quienes en varias ocasiones se vieron obligados a descender de los vehículos en plena vía pública ante la escalada de agresiones verbales y el temor a que la violencia física pasara a mayores.
Una disputa sin regulación clara y con vacíos normativos persistentes
La raíz de este conflicto ininterrumpido radica en el vacío legal que rodea a las aplicaciones de transporte en la región, una problemática que los distintos bloques del Concejo Deliberante platense intentan discutir desde hace años sin arribar a una ordenanza definitiva. Mientras los taxistas reclaman el cumplimiento estricto de las ordenanzas vigentes, argumentando una competencia desleal debido a la carga impositiva, los costos de mantenimiento y las exigencias de habilitación municipal a las que deben hacer frente, los conductores de plataformas defienden su fuente laboral bajo el amparo de la necesidad económica y la libre elección de los usuarios, quienes encuentran en estas herramientas una alternativa más accesible o disponible ante la demanda insatisfecha. Con canales de diálogo interrumpidos y grupos de mensajería instantánea convertidos en centros de alerta permanente, el clima en el transporte urbano continúa al límite, a la espera de definiciones institucionales que logren ordenar un mercado librado a la tensión cotidiana.




