La tensión entre las figuras de la música masiva y el personal encargado de la seguridad en los espectáculos públicos sumó un nuevo capítulo que generó fuerte repercusión en el ámbito laboral y sindical. Tras las expresiones públicas formuladas por el reconocido artista Fito Páez durante su presentación en Mar del Plata, donde cuestionó de manera frontal el accionar de los trabajadores encargados de ordenar al público, la reacción institucional no tardó en manifestarse a través de un comunicado oficial que puso el foco en la dignidad y la profesionalización del sector.
Desde el Sindicato Único de Trabajadores de Control de Admisión y Permanencia manifestaron un enérgico rechazo hacia los términos utilizados por el músico sobre el escenario. La organización gremial remarcó que ningún operario merece ser descalificado, humillado o expuesto públicamente mientras cumple con sus funciones específicas dentro de un predio masivo. En la misma línea, la conducción sindical advirtió que cualquier diferencia operativa que pueda surgir en el desarrollo de un evento debe canalizarse mediante los mecanismos institucionales previstos, evitando la generalización y la estigmatización mediática de quienes integran la actividad.
La responsabilidad empresaria y el rol de las firmas contratistas
Más allá del cruce puntual con el autor de grandes hitos del rock nacional, el posicionamiento gremial aprovechó la coyuntura para reinstalar el debate sobre las condiciones de contratación en la industria del espectáculo y el entretenimiento nocturno. Los representantes de los trabajadores señalaron que resulta imperativo que tanto los productores como los dueños de los establecimientos cumplan estrictamente con la normativa legal vigente, priorizando la contratación de empresas debidamente habilitadas y descartando el uso de agencias de seguridad privada que no cumplen con los estándares de capacitación obligatoria.
El pronunciamiento subraya que la profesionalización del sector no solo implica exigir preparación técnica a los operarios en las puertas de ingreso y en las adyacencias de los escenarios, sino también garantizar salarios justos, registros formales y un marco de protección institucional que evite la exposición arbitraria ante situaciones de conflicto con el público. La discusión expone una problemática recurrente en la temporada estival, donde la convivencia entre la logística de seguridad y la masividad de los recitales suele tensar los vínculos operativos cotidianos.




