El derrumbe del consumo interno sumó un nuevo capítulo este viernes con el cese de operaciones de la tradicional cadena de panaderías Pandanés, una firma que operaba en distintos puntos del Área Metropolitana de Buenos Aires y que, de la noche a la mañana, dejó a decenas de familias sin su fuente de ingresos. La modalidad elegida para la notificación profundizó el malestar: un frío mensaje de texto enviado a las 3:56 de la madrugada advirtió al personal que no debían presentarse a trabajar y que la compañía se encaminaba hacia un pedido formal de quiebra judicial.
El impacto de la medida se sintió con fuerza en sucursales de barrios porteños como Villa Devoto y Villa Crespo, donde los trabajadores se conmovieron al hallar los comercios directamente tapiados. Quienes tenían años de antigüedad en la firma relataron que la precariedad laboral se había instalado desde el año pasado, período en el cual los salarios comenzaron a desdoblarse en cuotas hasta volverse totalmente imprevisibles. La imposibilidad de sostener los costos operativos básicos, sumada a la retracción en las ventas minoristas, selló el destino de una estructura que no logró capear el temporal financiero.
La precarización y el fin de la vía administrativa
"Hoy tenemos que comunicarles una noticia muy difícil. La situación llegó a un punto en el que la empresa se quedó sin los fondos necesarios para continuar funcionando", señalaron los directivos en el escrito digital que paralizó a la planta de trabajadores.
El trasfondo de este conflicto deja al descubierto las falencias de los mecanismos de control laboral ante situaciones de crisis agudas. Muchos empleados denunciaron que quedaron pertenencias personales dentro de los establecimientos cerrados, y que la respuesta de la patronal fue derivar la gestión de los bienes al ámbito gremial. Con la apertura del proceso de quiebra, el conflicto se trasladará formalmente a los tribunales comerciales, donde se determinará el estado patrimonial de la firma y la posibilidad real de cobrar indemnizaciones atrasadas.
Este episodio se inserta en un escenario económico nacional caracterizado por la caída sostenida del poder adquisitivo y el incremento de las tarifas de servicios públicos, variables que golpean de lleno a los comercios de cercanía y a las pymes gastronómicas. El sector panadero venía advirtiendo sobre el encarecimiento de materias primas esenciales como la harina y las grasas, combinada con facturaciones que no acompañan la inflación acumulada de los últimos meses, configurando un combo letal para la sostenibilidad comercial.




