La persistencia de los controles cambiarios continúa dejando un tendal de bajas en el ecosistema financiero nacional, al punto que la actividad formal de cambio atraviesa su momento más crítico en décadas. La falta de flexibilización regulatoria por parte de las autoridades monetarias profundizó la crisis estructural de un segmento que reclama urgentes modificaciones para evitar un colapso definitivo en su nómina de operadores y fuentes laborales.

El diagnóstico formulado por las entidades del sector expone un escenario de extrema contracción económica y operativa. La imposibilidad de competir en igualdad de condiciones frente a los nuevos jugadores del mercado y la vigencia de normativas consideradas anacrónicas precipitaron el cierre masivo de oficinas en todo el país, reduciendo a su mínima expresión una actividad que históricamente cumplió un rol dinamizador en la compraventa de divisas y billetes regionales.

Un esquema de restricciones que ahoga la operatoria comercial

Entre los puntos más cuestionados por las cámaras empresarias figura el tope de venta de moneda extranjera en efectivo para personas físicas, una restricción que se mantiene anclada en montos exiguos frente a la dinámica inflacionaria y la libre circulación de capitales en otras plazas de la región. Asimismo, la prohibición de operar con billeteras virtuales mediante cuentas CVU y las exigencias de costos fijos elevados para mantener auditorías complejas terminaron por expulsar a decenas de empresas del mercado formal.

Hemos pasado de 220 operadores autorizados a unos 50 como máximo en la actualidad, y la pérdida de mano de obra directa debe rondar los 2000 puestos de trabajo.

Ante este panorama de achicamiento generalizado, los referentes de la actividad reclaman una reconversión normativa integral que permita sumar nuevos servicios, tales como la operación con criptomonedas, la habilitación de cajas de seguridad y la articulación de pagos regionales dentro del Mercosur. Sin respuestas concretas por parte de los organismos de regulación económica, advierten que gran parte de la demanda insatisfecha continuará migrando hacia los canales de la informalidad.