El mercado laboral formal en el distrito bonaerense atraviesa una etapa de marcada retracción que golpea de lleno la estabilidad de miles de hogares. De acuerdo con el último relevamiento sectorial difundido por las entidades industriales de la región, durante el mes de mayo se constataron más de cinco mil bajas netas de trabajadores asalariados en el sector privado registrado, una cifra que evidencia la persistencia de un escenario recesivo que no logra encontrar un piso de contención. El informe, elaborado sobre series desestacionalizadas para aislar los efectos coyunturales del calendario, confirma que la destrucción de puestos de trabajo formal continúa siendo una constante en el territorio provincial.
Este fenómeno no representa un hecho aislado, sino la continuidad de una tendencia contractiva que acumula trimestres de deterioro continuo en las plantas fabriles y en las cadenas de valor asociadas. Los datos oficiales y sectoriales indican que la sangría laboral en el aparato productivo bonaerense se extiende de manera transversal por casi todas las ramas de actividad económica, afectando tanto a las pequeñas y medianas empresas como a los complejos industriales de mayor envergadura instalados en los cordones productivos que rodean a los grandes centros urbanos de la provincia.
Un proceso de desindustrialización que acumula más de treinta mil bajas
La magnitud del retroceso se dimensiona al observar la evolución de los últimos dos años. Entre finales de 2023 y el cierre del ciclo previo, la industria manufacturera bonaerense sufrió la desaparición de más de treinta mil puestos de trabajo registrados, lo que equivale a una contracción cercana al seis por ciento en el total de la nómina fabril. El ritmo de destrucción de empleo se aceleró notablemente en los meses subsiguientes, dejando un saldo negativo que golpeó con mayor crudeza a los sectores más dinámicos y de mayor intensidad en el uso de mano de obra. Entre los rubros más golpeados se destacan la industria textil, la fabricación de calzado y artículos de cuero, la producción de manufacturas metálicas y el segmento del caucho y el plástico, actividades que en conjunto acumulan miles de suspensiones y despidos definitivos. Por el contrario, la excepción dentro del mapa productivo ha sido sumamente acotada, quedando reducida prácticamente a la fabricación de productos derivados del petróleo, el único nicho que logró sostener una leve variación positiva en la comparación interanual, mientras el resto de los sectores debió achicar su estructura de personal para hacer frente a la caída en las ventas y al incremento de los costos operativos en un contexto de contracción del consumo interno y apertura comercial.




