La Unión Tranviarios Automotor (UTA) encendió una luz de alerta roja sobre las condiciones estructurales en las que se desarrolla el transporte automotor de larga distancia en la Argentina. A través de una misiva formal dirigida al área de Transporte de la Nación, el sindicato que encabeza Roberto Fernández expuso un panorama crítico marcado por el colapso de la infraestructura vial, la parálisis total de la obra pública destinada al mantenimiento de rutas y el impacto directo que esto genera tanto en la integridad de los trabajadores del volante como en la de los pasajeros.
El eje central del reclamo sindical apunta al estado de abandono que exhiben los corredores nacionales. Según los datos difundidos por la entidad gremial, la red vial troncal que vincula las diferentes provincias del país se encuentra afectada por un deterioro sistemático que se profundizó durante los últimos meses. Las estimaciones técnicas presentadas por el sector indican que entre el 70% y el 75% de la traza nacional presenta serias deficiencias, con tramos enteros catalogados directamente en mal estado debido a la ausencia de inversiones y a la paralización de las tareas de bacheo y repavimentación.
Un combo explosivo entre rutas destruidas y flota obsoleta
La falta de respuestas por parte de los organismos competentes genera un escenario cotidiano de alta peligrosidad para quienes transitan las rutas argentinas. Desde la conducción gremial detallaron que los conductores deben maniobrar permanentemente esquivando pozos profundos, banquinas descalzadas, desniveles peligrosos y una marcada carencia de señalización luminosa adecuada. Esta situación no solo multiplica las posibilidades de siniestros viales de gravedad, sino que también acelera el desgaste mecánico de las unidades, destruyendo neumáticos y componentes estructurales de los micros.
«La seguridad de las personas es el mayor objetivo a cumplir de los atributos de los servicios de transporte público. Nadie debe estar expuesto a morir por usar un sistema de transporte de alcance general», advirtió el secretario general de la organización sindical en el documento elevado a las autoridades nacionales.
A esta problemática de infraestructura se le acopla un factor no menor: la imposibilidad financiera de las empresas del sector para renovar sus flotas. La escasez de créditos accesibles y la retracción en la rentabilidad empresaria derivan en un parque automotor envejecido, con unidades que acumulan un desgaste severo y sufren desperfectos técnicos recurrentes en plena traza federal. Esto deja a los choferes y a los usuarios expuestos a esperas prolongadas en zonas desiertas, con los consiguientes riesgos asociados a la inseguridad en las rutas.
Factores climáticos y exigencias de prevención
El diagnóstico presentado por la conducción nacional de los choferes también incorporó la variable climática como un elemento agravante de la coyuntura actual. Las recurrentes anomalías meteorológicas, potenciadas por eventos extremos como lluvias torrenciales, olas de calor que deforman la carpeta asfáltica y la presencia habitual de banquinas inestables, configuran un escenario de altísima vulnerabilidad operativa. El gremio remarcó que las contingencias climáticas habituales, sumadas a la falta de mantenimiento preventivo, multiplican de manera exponencial los riesgos de despistes y colisiones frontales.
Hacia el tramo final del pronunciamiento, la entidad sindical exigió una convocatoria multisectorial donde intervengan los distintos niveles del Estado y las cámaras empresariales para rediseñar esquemas de control y prevención. Con una advertencia final que cruzó la discusión paritaria con la seguridad operativa, el sector ratificó que mantendrá los reclamos gremiales en resguardo de la vida de los trabajadores y de los millones de usuarios que utilizan diariamente el sistema de transporte terrestre en todo el territorio nacional.




