El tablero de la industria automotriz sudamericana atraviesa momentos de máxima tensión luego de que la cúpula directiva de Stellantis advirtiera sobre la pérdida de competitividad que sufren las terminales radicadas en el país. Las declaraciones formuladas por el presidente de la compañía para la región encendieron las alarmas en los centros fabriles de Córdoba y la provincia de Buenos Aires, donde la empresa produce emblemas comerciales de las marcas Fiat, Peugeot y Ram. El eje del reclamo apunta directamente al vertiginoso incremento de las importaciones de vehículos provenientes de China y de Brasil, un fenómeno que reaviva el debate sobre la apertura comercial, los costos laborales y la sostenibilidad de la manufactura local frente a las nuevas reglas del mercado global.

De acuerdo con las estimaciones de la compañía, los automóviles fabricados en el gigante asiático pasaron de representar apenas el dos por ciento del mercado nacional a capturar el diez por ciento de los patentamientos totales en cuestión de meses. Si a esta estadística se suman aquellos modelos de marcas tradicionales occidentalizadas que se ensamblan en territorio chino, la incidencia trepa hasta el quince por ciento. Esta irrupción comercial se da en un escenario de retracción del consumo interno, donde los patentamientos globales acumulan caídas interanuales de doble dígito y la producción nacional de vehículos experimenta una contracción generalizada. Las terminales locales enfrentan el desafío estructural de exportar más de la mitad de su volumen para sostener la rentabilidad, una ecuación que se complica debido al atraso cambiario y la presión impositiva que denuncian los distintos actores de la cadena industrial.

Un dilema regional entre aranceles y costos de producción

El impacto sobre la estructura de Stellantis en el país ya se tradujo en números rojos para sus modelos más tradicionales. Tanto el Fiat Cronos, producido en el complejo cordobés de Ferreyra, como los vehículos Peugeot 2008 y 208, ensamblados en la planta bonaerense de El Palomar, sufrieron mermas pronunciadas en sus volúmenes de comercialización. Como respuesta a este enfriamiento de la demanda, la compañía debió suprimir turnos de trabajo, aplicar esquemas de desvinculación mediante retiros voluntarios y reconfigurar sus proyecciones de fabricación para las nuevas líneas de pick-ups. Mientras los directivos reclaman medidas de protección arancelaria tanto a las autoridades nacionales como a los gobiernos vecinos, la paradoja empresaria se evidencia en las propias alianzas globales que mantiene el conglomerado con fabricantes asiáticos para el desarrollo de nuevas tecnologías de movilidad. Hacia adelante, el futuro de las inversiones anunciadas dependerá de la capacidad de adaptación de la industria local en un mercado interno desregulado y fuertemente competido por la irrupción de nuevos actores internacionales.