Una serie de graves irregularidades vinculadas al manejo de insumos sanitarios y a la escasez de elementos de protección básica sacude por estos días al sistema de salud de la provincia de Buenos Aires. Trabajadores del hospital interzonal general de agudos Evita Pueblo, ubicado en el partido de Berazategui, expusieron una compleja situación que combina la reutilización precaria de envases para productos de higiene y el reconocimiento oficial de que las partidas de elementos descartables resultan insuficientes para cubrir la demanda diaria de los diferentes servicios asistenciales.

El conflicto escaló a partir de la difusión de registros visuales que muestran dispensadores y botellas con rótulos manuscritos utilizados para distribuir alcohol y jabón líquido en áreas de máxima complejidad, tales como neonatología, quirófanos y unidades de terapia intensiva. De acuerdo con los testimonios recabados en el establecimiento, estas prácticas de fraccionamiento casero en recipientes sometidos a múltiples reutilizaciones ponen en riesgo la seguridad biológica de los pacientes, debido a la posibilidad concreta de contaminación bacteriana y a la alteración en las concentraciones de los productos destinados a la desinfección de superficies de contacto directo y al lavado de manos del personal médico y de enfermería.

Un reconocimiento oficial que desnuda el cuello de botella en la provisión

La dimensión administrativa del problema quedó al descubierto tras trascender una circular interna fechada a finales de septiembre y firmada por las autoridades del centro asistencial. En ese documento, dirigido de manera directa a los jefes de servicio, la dirección del nosocomio admitió sin ambages que la institución se encuentra imposibilitada de cumplir con las cantidades de guantes de examinación, barbijos y camisolines hemorrepelentes solicitadas para el normal funcionamiento operativo.

"Si aumentaron el consumo deben enviar la nota correspondiente con estadísticas de camas ocupadas o pacientes atendidos, infecciones o lo que consideren necesario para justificar el aumento", expresa la comunicación oficial derivada desde el área de compras centralizadas hacia la administración del hospital.

La respuesta burocrática añade presión sobre los equipos de salud, a los que se les exige cumplimentar un detallado andamiaje estadístico para justificar cualquier incremento en las partidas. Según advirtieron fuentes internas del centro de salud, la falta de envío inmediato de esta documentación restrictiva se traduce en demoras prolongadas que dejan a sectores enteros desabastecidos de elementos esenciales de bioseguridad durante semanas enteras, profundizando el malestar del personal y exponiendo las dificultades logísticas que atraviesa la cartera sanitaria provincial en su cadena de distribución.

Antecedentes de tensión y la lupa sobre los protocolos de higiene

El cuadro de situación en el Evita Pueblo no constituye un hecho aislado, sino que se alinea con una serie de reclamos previos referidos al deterioro de las condiciones edilicias y a las limitaciones operativas para garantizar una atención segura. Organismos internacionales y agencias especializadas en control de infecciones insisten en que el rellenado informal de dispensadores de jabón y la manipulación inadecuada de soluciones alcohólicas incrementan de manera exponencial la exposición a patógenos oportunistas, un riesgo inadmisible cuando se trata de pacientes inmunocomprometidos o recién nacidos internados en áreas críticas.

Ante este escenario, tanto la dirección ejecutiva del establecimiento como el Ministerio de Salud conducido por Nicolás Kreplak enfrentan el desafío ineludible de esclarecer los protocolos aplicados en el fraccionamiento de insumos químicos, normalizar el flujo de entrega de elementos descartables y brindar garantías institucionales que despejen las dudas sobre la seguridad sanitaria en un hospital de referencia para toda la región sur del conurbano bonaerense.