El expresidente de la Nación, Alberto Fernández, volvió a reavivar las tensiones internas del peronismo al asegurar que su administración evitó una catástrofe económica generalizada gracias a desoír las directivas de Cristina Fernández de Kirchner. Durante una entrevista concedida a un ciclo de streaming, el exmandatario analizó los puntos de quiebre que marcaron su gestión y remarcó las profundas diferencias metodológicas y conceptuales que mantuvo con quien fuera su compañera de fórmula.
Las declaraciones del exjefe de Estado surgen en un momento de reconfiguración para el Partido Justicialista, donde las disputas por el liderazgo y el rumbo político continúan marcando la agenda partidaria. Fernández insistió en que el rol institucional que ocupaba la actual titular partidaria generó fricciones constantes debido a una divergencia insalvable en la visión de gobierno. Según su perspectiva, la exigencia de subordinación política atentaba contra el diseño constitucional del Poder Ejecutivo y el normal funcionamiento de la administración pública.
La disputa por el acuerdo con el Fondo Monetario y el fantasma del default
El núcleo de la argumentación defensiva de la gestión albertista recayó sobre el entendimiento alcanzado con los organismos internacionales de crédito. Al respecto, el exmandatario defendió con firmeza la renegociación de la deuda y advirtió sobre las consecuencias catastróficas que hubiese implicado un quiebre financiero con el organismo multilateral en medio de la crisis global y las escasas reservas heredadas.
Si cada uno hubiera entendido el rol que tenía hubiera sido más fácil, el solo hecho de que te pidan que obedezcas a la vicepresidente es que algo está mal. Si le hubiera hecho caso a lo que planteaba con el Fondo Monetario Internacional tal vez hubiera estallado la economía y la Argentina en mil pedazos.
En esa línea argumental, el exfuncionario contrastó su decisión de refinanciar los compromisos externos con la histórica cancelación de deuda llevada a cabo por Néstor Kirchner. Recordó que, al asumir la presidencia, el Banco Central contaba con una posición de reservas extremadamente vulnerable frente a los vencimientos estipulados, lo que convertía cualquier postura de ruptura en un salto al vacío para la economía doméstica. Para el exdirigente, las críticas públicas que recibió por parte de dirigentes kirchneristas obedecían exclusivamente a su negativa de delegar atribuciones presidenciales y adoptar recetas que, a su juicio, habrían acelerado el descalabro cambiario e inflacionario durante su mandato.




