El paso del economista Alberto Ades por el entorno del presidente Javier Milei volvió a encender las alarmas en el Palacio de Hacienda y abrió un interrogante ineludible sobre la sostenibilidad del esquema cambiario actual. Formado en Harvard y con una extensa trayectoria en los mercados financieros internacionales, Ades se encargó de poner sobre la mesa lo que muchos analistas denominan un «efecto sándwich» sobre la actividad productiva, donde la combinación de costos crecientes en moneda extranjera y una demanda interna deprimida comienza a dejar fuera de competencia a un número significativo de compañías y puestos de trabajo.
Durante su reciente estadía en Buenos Aires, que incluyó reuniones en la Casa Rosada y cruces de opiniones con distintos actores del arco económico, el especialista advirtió que la política monetaria podría estar operando con un nivel de restricción excesivo. En sintonía con las preocupaciones que flotan en diversos sectores fabriles y comerciales, el debate gira en torno a si el diseño del programa económico actual no está provocando una destrucción masiva de tejido empresarial más allá de la lógica oficial de depurar aquellos negocios que operaban bajo amparos estatales históricos.
El dilema cambiario y la presión sobre la industria
Las propuestas planteadas desde los círculos financieros internacionales sugieren la necesidad de evaluar un tipo de cambio real más alto y la eliminación definitiva de las restricciones cambiarias remanentes, una receta que choca de manera frontal con el núcleo de la estrategia de desinflación liderada por el ministro de Economía, Luis Caputo. Mientras desde consultoras privadas como I+D se advierte sobre un darwinismo económico que golpea de lleno a la industria debido al incremento exponencial de las tarifas de servicios y los insumos en dólares, el oficialismo sostiene su premisa de equilibrio fiscal innegociable como única herramienta válida para ordenar la macroeconomía.
El trasfondo de esta discusión expone la tensión permanente entre la ortodoxia financiera y la realidad de la economía real, un terreno donde las empresas enfrentan caídas en sus volúmenes de ventas mientras lidian con una presión tributaria y financiera que no cede. En este escenario, las propuestas orientadas a otorgar herramientas de crédito, reponer mecanismos de defensa comercial y agilizar los pagos de reintegros a las exportaciones vuelven a ganar espacio en la agenda de los sectores productivos que reclutan apoyos para evitar una profundización del enfriamiento de la actividad durante los próximos meses.




