El debate en torno al futuro de las elecciones primarias volvió a centrar la atención de la agenda pública luego de las declaraciones del empresario y fundador de medios Daniel Hadad, quien cuestionó con dureza la posibilidad de suspender o eliminar las Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias de cara a los próximos comicios. Durante una extensa entrevista radial, el referente analizó los ribetes éticos de modificar las normas electorales desde el propio ejercicio del poder ejecutivo, advirtiendo que cualquier alteración introducida con la mira puesta en la contienda donde se plebiscita la actual administración resulta objetable en términos democráticos.
Sin descartar por completo la necesidad de revisar el funcionamiento del sistema normativo vigente, Hadad marcó un límite preciso respecto al momento y la oportunidad de esos cambios. En su análisis, el cuestionamiento principal recae sobre la conveniencia temporal de las reformas impulsadas por la gestión de turno, señalando que las reglas del juego democrático no deben alterarse en beneficio directo de quienes detentan el poder circunstancial. Para respaldar esta postura, trazo un paralelismo con la escena política internacional al mencionar los debates similares que se desarrollan en el continente europeo, donde la discusión sobre la modificación de los marcos comiciales suele paralizar a la clase dirigente por las sospechas de conveniencia partidaria.
La sombra de la casta y el acceso de nuevos actores
Al profundizar en los motivos que impulsan la supresión de las primarias, el empresario advirtió que la medida opera como una barrera de contención para evitar la irrupción de nuevas figuras en el escenario político. Según su perspectiva, el mecanismo de elecciones abiertas cumple una función democratizadora fundamental al permitir que ciudadanos ajenos a las estructuras partidarias tradicionales o a la designación a dedo de los referentes internos puedan disputar espacios de poder. En esa línea, ironizó sobre la contradicción discursiva de sectores que llegaron al gobierno con la promesa de combatir privilegios políticos pero que ahora impulsan herramientas restrictivas propias de aquellas estructuras que decían cuestionar.
Pese a la centralidad que la discusión adquiere entre la dirigencia, el referente reconoció que la reforma electoral se encuentra lejos de representar una demanda prioritaria para la ciudadanía en el corto plazo. En un contexto marcado por la tensión económica cotidiana, las preocupaciones sociales se concentran de manera excluyente en la estabilidad laboral y en la recuperación del poder adquisitivo frente al impacto de la inflación. Aunque admitió una desaceleración en el índice general de precios en comparación con etapas inflacionarias previas, remarcó que la contracción de los ingresos familiares mantiene el foco de la población en la supervivencia económica diaria, relegando los debates institucionales a un plano secundario dentro de las urgencias nacionales.




