La administración de Estados Unidos reactivó un mecanismo de ejecución que no se utilizaba desde la década del sesenta dentro del ámbito militar. El presidente Donald Trump autorizó formalmente la pena capital por medio de un pelotón de fusilamiento contra Nidal Hasan, el expsiquiatra del Ejército que perpetró la masacre en la base militar de Fort Hood, en el estado de Texas, un ataque que dejó un saldo trágico de trece personas asesinadas y una treintena de heridos.

La confirmación oficial llegó a través del Pentágono, luego de que el secretario de Defensa, Pete Hegseth, elevara la recomendación formal para aplicar la máxima pena sobre el condenado. Desde la cartera de Defensa señalaron que el secretario del Ejército será el encargado de determinar los detalles logísticos, incluyendo la fecha exacta y la locación donde se llevará a cabo el procedimiento judicial que pone fin a más de una década de litigios y apelaciones en tribunales militares.

El día del juicio para Hasan por fin llegó,

expresó públicamente el vocero del Pentágono, Sean Parnell, al dar a conocer la directiva presidencial a través de las redes sociales. La decisión se oficializa en un contexto de fuerte debate nacional en torno a los métodos de ejecución en el sistema penal estadounidense, agudizado recientemente tras las complicaciones registradas en el estado de Tennessee durante la aplicación de la inyección letal a Christa Pike.

Antecedentes y el proceso judicial por terrorismo

El ataque que motivó la condena ocurrió el 5 de noviembre de 2009 en las instalaciones médicas de Fort Hood, un centro neurálgico donde los soldados completaban sus preparativos previos al despliegue en zonas de combate internacional. Hasan, un psiquiatra militar de origen palestino y nacido en Estados Unidos, abrió fuego contra las tropas presentes. Durante las investigaciones posteriores y el juicio castrense llevado a cabo en 2013, quedó demostrado que el atacante actuó motivado por una radicalización ideológica, tras mantener comunicaciones con el clérigo vinculado a Al Qaeda, Anwar al Awlaki, y manifestar su abierta oposición a las intervenciones militares norteamericanas en Medio Oriente.

Durante el proceso judicial, el acusado asumió su propia defensa técnica, renunció a la presentación de testigos y evitó refutar los cargos que se le imputaban, una actitud que en su momento generó alertas entre los abogados designados por el tribunal sobre una posible búsqueda deliberada de la pena capital por parte del exoficial. Tras ser neutralizado en el lugar de los hechos por una agente de la policía civil que le disparó dejándolo con una parálisis parcial, Hasan enfrentó un tribunal militar que lo encontró culpable de múltiples cargos de homicidio premeditado y tentativa de homicidio.