El movimiento imprevisto de vehículos blindados, helicópteros y tropas en la costanera de Rosario generó sorpresa y numerosas consultas en las redes sociales durante los últimos días, en una secuencia que combinó exhibiciones públicas y aprestos logísticos de gran envergadura. El despliegue, que incluyó material ferroviario y personal uniformado en plena zona urbana, respondió estrictamente a dos actividades castrenses programadas: el ejercicio Biguá, enfocado en la capacidad de cruce fluvial, y los preparativos logísticos para el operativo internacional Arandu 2026, que se llevará a cabo en Brasil junto a las fuerzas de ese país.
Ante la inquietud generada por la magnitud del operativo en un ámbito ajeno a los tradicionales campos de entrenamiento, analistas especializados en defensa aclararon que las maniobras formaron parte de un programa regular de adiestramiento y no respondieron a ninguna contingencia bélica. La práctica Biguá tuvo como propósito principal demostrar la aptitud del Ejército para trasladar personal y equipos pesados a través de cursos de agua de gran magnitud, utilizando una compleja combinación de vehículos anfibios, barcazas, botes y apoyo aéreo con helicópteros. En estas acciones participaron aproximadamente un millar de efectivos provenientes de brigadas blindadas, unidades de monte, artillería, ingenieros y aviación, quienes operaron distintos modelos de vehículos de combate y sistemas de defensa antiaérea bajo la atenta mirada de los vecinos que se acercaron a presenciar la muestra estática y dinámica organizada en la costa.
Logística pesada y cooperación binacional en el horizonte
Mientras se desarrollaban las prácticas fluviales en territorio santafesino, otra fracción de los recursos militares comenzó el trayecto de traslado hacia el país vecino con eje en el ejercicio Arandu 2026. Esta nueva edición de las maniobras de cooperación bilateral tendrá lugar en el campo de instrucción Barão de São Borja, situado en la región brasileña de Rosario do Sul, y reunirá a miles de efectivos de ambos ejércitos para coordinar procedimientos tácticos combinados. La movilización hacia el país vecino puso de relieve la complejidad logística que demanda el transporte de material pesado, requiriendo el uso de infraestructura ferroviaria para desplazar vehículos que superan las treinta toneladas, un aspecto que vuelve a poner en discusión la importancia estratégica de preservar las redes de transporte sobre rieles para la defensa nacional.
La continuidad de estas actividades conjuntas con las fuerzas armadas brasileñas evidencia una política de cooperación en materia de defensa que ha logrado sostenerse a lo largo de los años, trascendiendo los distintos ciclos políticos y las eventuales diferencias diplomáticas entre los gobiernos de la región. Lejos de constituir un hecho aislado, el despliegue observado en las últimas jornadas refleja la necesidad constante de poner a prueba la interoperabilidad y la capacidad de respuesta de los elementos mecanizados y de aviación, en un contexto donde los costos operativos y las limitaciones presupuestarias exigen una planificación rigurosa de cada ejercicio de adiestramiento operacional.




