La actividad comercial y productiva en la región atraviesa un escenario de extrema complejidad, marcado por una contracción sostenida del consumo interno y una destrucción progresiva de puestos de trabajo que ya acumula más de tres años de registros negativos. Lejos de tratarse de una coyuntura pasajera, la acumulación de balances desfavorables pone en jaque la supervivencia de miles de pequeños y medianos establecimientos en los partidos de La Plata, Berisso y Ensenada, donde tanto los comerciantes minoristas como los productores hortícolas lidian a diario con la imposibilidad de cubrir los costos operativos mínimos.

Los datos difundidos por la Cámara de Comercio, Industria y Servicios de La Plata, en conjunto con la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de La Plata, expusieron una caída interanual del 14,7% en las unidades físicas vendidas durante el segundo trimestre del año. En paralelo, el empleo en el sector comercial retrocedió un 4,7% en el mismo período, completando una racha negativa que se extiende por catorce trimestres consecutivos. Este deterioro estructural refleja una erosión profunda del poder adquisitivo de los hogares, que se ven obligados a recortar consumos básicos y reorganizar sus presupuestos domésticos ante la escalada inflacionaria y el estancamiento de los ingresos reales.

La asfixia financiera detrás del mostrador

Detrás de los porcentajes estadísticos se multiplican las historias cotidianas de persianas que apenas logran mantenerse abiertas. El relevamiento regional indicó que más de la mitad de los comerciantes consultados percibió una merma directa en sus transacciones en comparación con el año anterior, mientras que la falta de demanda se consolidó como la principal preocupación del sector. En este esquema, los gastos fijos como el alquiler de los locales, las tarifas de servicios públicos y las cargas sociales continúan su curso ascendente, pulverizando los márgenes de ganancia. La facturación nominal en pesos, impulsada por las remarcaciones de precios, suele enmascarar la gravedad del problema al ocultar el desplome real en el volumen de mercadería despachada. Esta dinámica afecta también al cinturón hortícola platense, donde los productores enfrentan la cruda disyuntiva de comercializar sus cosechas por debajo de los costos de extracción y transporte, o bien dejar los cultivos en los campos ante la total falta de rentabilidad, imposibilitando de este modo la financiación de la próxima siembra.

El impacto de esta contracción económica excede el ámbito estrictamente local y encuentra correlato en las estadísticas provinciales sobre empleo registrado. Los indicadores elaborados a partir de los registros previsionales y laborales muestran una tendencia a la baja en la cantidad de empleadores y puestos formales activos en territorio bonaerense. Esta sangría laboral alimenta un círculo vicioso donde la pérdida de fuentes de trabajo deprime aún más las ventas minoristas, generando un ecosistema comercial frágil y desfinanciado. Hacia adelante, el gran interrogante pasa por la capacidad de resistencia de un entramado productivo que necesita recuperar volumen operativo con urgencia para evitar una nueva ola de cierres definitivos en los próximos meses.