El fútbol argentino volvió a quedar en el centro de la escena internacional por un episodio tan insólito como antirreglamentario que sacudió los cimientos de la Primera Nacional. Durante el encuentro disputado en el Estadio Islas Malvinas entre All Boys y Godoy Cruz, el árbitro principal Nicolás Lamolina debió rectificar un fallo trascendental en los minutos finales del cotejo, pero el procedimiento desató una tormenta institucional y reglamentaria debido a que la corrección llegó luego de que los protagonistas le exhibieran imágenes en un teléfono celular particulares, en una categoría donde no existe el sistema oficial de asistencia arbitral por video.

El duelo, correspondiente a la trigésima tercera fecha del certamen, ya venía cargado de una extrema tensión previa motivada por los distintos objetivos de ambos conjuntos en la tabla de posiciones. Sin embargo, todo lo que ocurrió en el rectángulo de juego quedó eclipsado por la secuencia que se extendió durante veintitrés minutos de deliberaciones caóticas, protestas airadas y un vacío normativo que expuso las debilidades estructurales del arbitraje en el ascenso nacional.

Un fallo rectificado al margen del reglamento

El punto de inflexión se produjo cuando el reloj marcaba los instantes finales del tiempo regular. En una acción dentro del área, el juez principal sancionó penal a favor del elenco mendocino y expulsó al defensor local Iván Zafarana por considerar que había cometido una infracción manifiesta. La decisión desató una reacción inmediata de todo el banco y el plantel del conjunto de Floresta, quienes rodearon al colegiado para evidenciar que la falta había ocurrido claramente fuera de los límites demarcatorios.

En medio de la confusión generalizada, el propio futbolista expulsado y un exdirigente que se encontraba en las inmediaciones ingresaron al campo de juego con dispositivos móviles en la mano para mostrarle al árbitro la repetición televisiva de la jugada. Tras observar las imágenes en la pantalla de un celular ajeno a la organización oficial, Lamolina modificó su postura original, anuló el penal y sancionó un tiro libre frontal, argumentando posteriormente que su asistente le había advertido sobre la ubicación de la falta, una coartada que no hizo más que incrementar las suspicacias sobre el uso informal de la tecnología.

El episodio abrió un debate profundo sobre la seguridad jurídica de los torneos de ascenso y el protocolo de la International Board, que estipula claramente que cualquier revisión tecnológica debe realizarse exclusivamente a través del sistema homologado de VAR y bajo la órbita de operadores certificados, prohibiendo de manera terminante el uso de pantallas particulares o teléfonos celulares dentro del terreno de juego. Las repercusiones no tardaron en expandirse por las plataformas digitales, donde la escena fue bautizada irónicamente por los usuarios como el 'celuVAR', dando la vuelta al mundo y exponiendo una vez más las recurrentes fallas organizativas que condicionan la equidad deportiva en el fútbol nacional.