El costo de vida volvió a mostrar una leve aceleración durante el noveno mes del año, al registrar una suba del 1,9% en comparación con agosto, lo que eleva el acumulado de los primeros tres trimestres al 23,6%. Este nuevo registro oficial marca una variación alcista respecto al mes anterior, cuando el índice general se había ubicado en el 1,7%, confirmando que la trayectoria de los precios mantiene una dinámica persistente a pesar de los diferentes esquicios de contención monetaria y fiscal implementados por el equipo económico nacional.
El desglose sectorial elaborado por el organismo estadístico evidencia que el rubro con mayor impacto mensual fue el de Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles, que trepó un 3,1%. Esta presión sobre los bolsillos ciudadanos estuvo estrechamente vinculada a la actualización de tarifas en los servicios esenciales y los combustibles. Muy cerca se ubicó la división de Educación, con un incremento del 3,0%, un componente que suele sufrir reacomodamientos específicos en periodos intermedios del ciclo lectivo. En la vereda opuesta, los menores registros se observaron en Restaurantes y hoteles con un 1,1% y en Prendas de vestir y calzado con un 1,4%, reflejando una moderación en la demanda de consumo discrecional por parte de los hogares.
El impacto de los regulados y las diferencias regionales en el consumo
Al profundizar en la categorización de los bienes y servicios, se advierte que los precios regulados operaron como uno de los principales vectores alcistas al trepar un 2,3%, traccionados por las modificaciones en las tarifas de gas, electricidad y las cuotas de la medicina prepaga. Por su parte, los precios estacionales experimentaron un salto del 2,9%, condicionados fuertemente por las oscilaciones en verduras, tubérculos y legumbres. En tanto, el IPC Núcleo avanzó un 1,7%, un indicador seguido de cerca por los analistas financieros porque refleja la tendencia desestacionalizada de la economía, donde incidieron de manera directa los ajustes en alimentos consumidos fuera del hogar y los productos farmacéuticos.
En la perspectiva territorial, Alimentos y bebidas no alcohólicas se mantuvo como la división de mayor incidencia en la mayoría de las regiones del país debido a su peso relativo en la canasta básica familiar. Sin embargo, la excepción se registró en el Gran Buenos Aires, donde el mayor impacto provino de los gastos asociados a la vivienda y los servicios básicos, evidenciando las disparidades en la estructura de gastos según los centros urbanos. Hacia adelante, el desafío del Palacio de Hacienda pasa por contener las indexaciones inerciales y asegurar que las paritarias y los ingresos fijos recuperen el terreno cedido frente a una canasta de bienes que continúa presionando el poder adquisitivo de los trabajadores.




