La tramitación legal en torno a los bienes del odontólogo Ricardo Barreda sumó un nuevo capítulo luego de que la Cámara de Apelación en lo Contencioso Administrativo resolviera apartar formalmente a Mariana y Tomás Arreche del proceso sucesorio y del expediente vinculado a la expropiación del inmueble. La decisión hizo lugar a un planteo presentado por el Fisco bonaerense, que cuestionó la legitimidad de ambos particulares para reclamar derechos sobre la propiedad y los bienes remanentes acumulados desde el fatídico 15 de noviembre de 1992.

El eje central de la controversia gira en torno a la vivienda ubicada en la calle 48 número 809, entre 11 y 12, escenario histórico del cuádruple crimen que conmocionó a la capital provincial. Si bien Mariana y Tomás Arreche habían sido reconocidos inicialmente como sucesores de Elena Arreche —madre de Gladys Mac Donald—, los magistrados determinaron que esa condición no los habilitaba de manera automática para heredar los bienes de la esposa de Barreda. De acuerdo con los fundamentos del fallo, el vínculo de los involucrados con la línea sucesoria de Mac Donald se ubicaba en el quinto y sexto grado, superando ampliamente el límite legal establecido para acceder a este tipo de pretensiones patrimoniales dentro del derecho civil argentino.

Un litigio patrimonial que abarca múltiples bienes y décadas de disputa

La resolución de la Cámara se ancla en un antecedente reciente dictado por el Juzgado Civil y Comercial N°17 de La Plata, el cual ya había advertido que los recurrentes no detentaban la calidad de herederos legítimos respecto de Gladys ni de sus hijas, Adriana y Cecilia. Con este panorama, la lista de coherederos reconocidos queda restringida a otros integrantes de la rama familiar, mientras el Estado provincial continúa bregando por consolidar la titularidad del inmueble para cumplir con los fines sociales proyectados desde hace más de una década.

El derrotero administrativo de la casona comenzó formalmente en 2013, cuando la administración bonaerense avanzó con la expropiación directa de la propiedad con el firme propósito de transformarla en un centro de asistencia, asesoramiento legal y refugio para mujeres víctimas de violencia de género. Sin embargo, la materialización de dicho proyecto quedó sistemáticamente trabada por la compleja trama sucesoria, que no solo involucra a la emblemática construcción del casco urbano, sino también a otros activos de valor histórico y económico.

Entre los bienes que forman parte del acervo hereditario figuran un departamento en la ciudad balnearia de Mar del Plata, un terreno en territorio bonaerense y diversos vehículos que continúan bajo medida cautelar de embargo. Entre estos automóviles se destacan piezas de colección trágicamente célebres en la crónica policial local, como el recordado Ford Falcon verde, un vehículo DKW y una motocicleta Siambretta, elementos que permanecen atados a las derivaciones judiciales de un expediente que parece no encontrar cierre definitivo.

El fantasma de la tragedia y el futuro institucional del inmueble

A más de treinta años de aquella jornada en la que el odontólogo utilizó una escopeta para asesinar a su esposa, a su suegra y a sus dos hijas, la casona de calle 48 sigue siendo un recordatorio latente de uno de los episodios más oscuros de la criminología argentina. Tras ser declarado indigno judicialmente, Barreda quedó completamente marginado de cualquier beneficio sucesorio sobre el patrimonio de las víctimas, dejando vacante una disputa legal entre parientes colaterales y el Estado.

Mientras los estrados judiciales continúan depurando la nómina de quienes tienen derecho a percibir una indemnización por la expropiación, el destino social del inmueble permanece en pausa. La expectativa de transformar el espacio en un bastión de políticas públicas contra la violencia de género choca permanentemente con la burocracia de los tribunales civiles y administrativos, que todavía deben resolver las últimas oposiciones y determinar el destino final de un patrimonio tasado tanto por su valor inmobiliario como por el peso ineludible de su historia.