La fuerza de la naturaleza volvió a imponer límites estrictos en uno de los principales atractivos turísticos del país. Las autoridades del Parque Nacional Iguazú dispusieron la clausura temporal de los paseos públicos y circuitos turísticos como consecuencia directa de una crecida extraordinaria del caudal hídrico, que superó la marca crítica de los 12.000 metros cúbicos por segundo en las últimas horas. La medida preventiva afecta tanto a los visitantes nacionales como extranjeros y responde a la necesidad imperiosa de resguardar la seguridad del personal operativo y de los turistas frente a un escenario meteorológico adverso que no da tregua en el litoral argentino.
El fenómeno responde de manera directa a las consecuencias del ciclo climático de El Niño, un factor que altera los patrones habituales de precipitaciones en la cuenca alta y provoca lluvias extraordinarias en cortos períodos. Según detallaron los responsables del área protegida, en menos de tres días se registraron acumulados pluviométricos equivalentes al promedio histórico mensual completo de esta época del año, un volumen de agua que saturó los suelos e impactó de manera violenta sobre la infraestructura de pasarelas, barandas y miradores distribuidos a lo largo del complejo natural.
Impacto en la Garganta del Diablo y protocolos de seguridad
La situación más crítica se registra en el emblemático sector de la Garganta del Diablo, cuyas pasarelas metálicas quedaron completamente sumergidas bajo el agua, un escenario que recuerda a eventos hidrológicos extremos de años anteriores. Las evaluaciones técnicas realizadas por los equipos de guardaparques y los ingenieros de la empresa concesionaria determinaron que las estructuras corrían riesgo ante la presión constante de la corriente, lo que motivó el cierre total preventivo para evitar cualquier tipo de incidente con los visitantes.
"Tomamos esta decisión dado el nivel de precipitaciones en los últimos días. Llovieron 300 mm en dos días y medio, lo que es el promedio de un mes en esta época", explicó la administración del parque al fundamentar la suspensión de las actividades recreativas y los paseos náuticos.
Paralelamente, las autoridades del sector brasileño adoptaron medidas similares de restricción en las pasarelas que se proyectan sobre el río, aunque con matices operativos debido a la diferencia en la disposición geográfica de la infraestructura de observación en ambas márgenes de la frontera. Del lado argentino, el monitoreo del río se realiza de manera permanente mediante estaciones hidrométricas que miden el ritmo de evacuación del agua hacia el río Paraná.
El Servicio Meteorológico Nacional mantiene vigente un alerta de nivel naranja para la región norte de la provincia de Misiones, advirtiendo sobre la continuidad de tormentas fuertes, ráfagas de viento que podrían superar los umbrales habituales y una significativa actividad eléctrica. Esta previsión condiciona la reapertura del parque, ya que las tareas de inspección de daños y la posterior limpieza de sedimentos solo podrán comenzar una vez que las condiciones meteorológicas se estabilicen por completo y el caudal del río muestre una tendencia sostenida a la baja en las estaciones de medición superior.




