La abogada y jueza Navanethem “Navi” Pillay fue galardonada este viernes con el Premio Nobel de la Paz, en un anuncio que sacudió el tablero geopolítico global y desató una inmediata ola de reacciones encontradas. Lejos de mantener una postura protocolar tras conocer la noticia en la ciudad alemana de Núremberg, la histórica magistrada de 85 años recurrió al humor al enterarse de la distinción frente a colegas y activistas de derechos humanos.
Las primeras imágenes del momento, difundidas a través de las redes sociales por la secretaria general de Amnistía Internacional, Agnès Callamard, mostraron el desconcierto inicial de la laureada. “Debe ser una broma, como abogada y jueza todavía quiero verificar esto”, atinó a expresar al recibir la llamada. Poco después, entre aplausos y ovaciones, lanzó una frase que rápidamente recorrió el mundo: “Si aplauden un poco más fuerte, quizás comparta el premio con Donald Trump”.
Trayectoria y el peso de las investigaciones sobre Gaza
El nombramiento de Pillay pone en primer plano una dilatada trayectoria dedicada a la defensa de los derechos fundamentales. De origen indio y sobreviviente de las tensiones en la Sudáfrica segregacionista, su carrera incluye su paso por la defensa de activistas contra el apartheid como Nelson Mandela, además de haber presidido el Tribunal Penal Internacional para Ruanda y ejercido como Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos entre 2008 y 2014.
Sin embargo, el reconocimiento del Comité Nobel llega acompañado de una fuerte controversia debido a su rol reciente al frente de la comisión de investigación independiente de la ONU sobre los territorios palestinos. Desde ese espacio, Pillay lideró el informe que calificó las acciones militares de Israel en la Franja de Gaza como un genocidio, una conclusión categóricamente rechazada tanto por el gobierno de Benjamin Netanyahu como por la administración estadounidense.
La concesión del galardón generó duras réplicas diplomáticas. Desde el Ministerio de Asuntos Exteriores de Israel calificaron la decisión como un uso político del premio para legitimar el odio. En paralelo, figuras del entorno de Donald Trump criticaron con dureza a la magistrada, recordando las tensiones históricas entre Washington y los organismos internacionales de justicia, mientras el Comité Nobel aclaró públicamente que la distinción no constituye un aval institucional a las conclusiones del informe sobre Medio Oriente.




