La memoria colectiva del hincha de Gimnasia conserva intacta aquella tarde de octubre de 1991 en la vieja Doble Visera de Avellaneda, donde el conjunto platense se impuso por 3 a 2 ante Independiente. Aquel encuentro no solo significó un triunfo resonante en condición de visitante bajo la conducción técnica del uruguayo Gregorio Pérez, sino que marcó el bautismo oficial de un apellido que transformaría para siempre su relación con la institución del Bosque. Proveniente de las divisiones inferiores junto a su hermano Gustavo, un joven Guillermo Barros Schelotto ingresó desde el banco de suplentes en el complemento para dar el puntapié inicial a una trayectoria inolvidable.

El vínculo de la familia con el club excedía largamente el césped. Su padre, Hugo, cumplió un rol dirigencial determinante en los momentos institucionales más complejos, consolidando un arraigo que se transmitió de generación en generación. Sobre esa base formativa, el delantero construyó una etapa dorada en el fútbol argentino durante la década del noventa. Conquistó la Copa Centenario, se convirtió en una pieza insustituible bajo la tutela táctica de Carlos Timoteo Griguol y dejó estampados 49 goles con la camiseta albiazul, además de liderar actuaciones memorables como el histórico 6 a 0 frente a Boca en La Bombonera durante el Clausura 1996.

Un legado que se extiende en el verde césped

Lejos de los destellos de aquella primera etapa que concluyó con su traspaso a mediados de 1997, y tras un paso posterior por el fútbol estadounidense y su retorno definitivo para colgar los botines en 2011, la historia familiar encontró una nueva ramificación. En la actualidad, su hijo Nicolás transita sus propios pasos en las divisiones formativas del club, perpetuando un apellido indisolublemente ligado a la identidad tripera. Consultado recientemente sobre su rol en el desarrollo deportivo del joven mediocampista, el actual entrenador prefirió trazar una línea divisoria clara entre la exigencia profesional y el vínculo afectivo.

En declaraciones periodísticas recientes, el ídolo platense profundizó sobre cómo convive cotidianamente con la carrera futbolística de su hijo dentro de la misma institución que lo consagró.

Creo que soy más papá que otra cosa. No me meto en lo futbolístico, casi nada. Y si le tengo que decir algo desde lo futbolístico, le paso alguna experiencia como exjugador, pero creo que lo hago poco. Es difícil ser padre de un jugador porque los padres le dicen cualquier cosa
, expresó al referirse al delicado equilibrio que intenta mantener entre la experiencia acumulada en los campos de juego y la contención familiar cotidiana.

Mientras encamina su presente profesional en el banco de suplentes de Vélez Sarsfield, el apellido Barros Schelotto continúa resonando en cada rincón del estadio del Bosque. Aququel debut de 1991 quedó atrás en el tiempo, pero la vigencia de su legado se renueva cada fin de semana, consolidando una dinastía deportiva que mantiene encendida la pasión de toda la feligresía albiazul.