El sendero de desaceleración de precios que el equipo económico pregonaba tras el registro de agosto comienza a mostrar signos de agotamiento, según el veredicto anticipado por las principales consultoras del mercado. Los relevamientos privados correspondientes al noveno mes del año ubican la variación general del Índice de Precios al Consumidor en una franja que va del 1,8% al 2,1%, marcando un repunte respecto al umbral previo y evidenciando la persistencia de una inercia inflacionaria que resiste los anclas monetarias y fiscales implementadas por la administración central.
De acuerdo con el monitoreo de diversas firmas especializadas, el dato oficial que difundirá el Instituto Nacional de Estadística y Censos confirmará esta ligera aceleración. Mientras que entidades como EconViews calcularon una suba del 1,8% y C&T junto a Invecq se posicionaron en el 1,9%, un bloque más numeroso integrado por Analytica, Eco Go, Equilibra y la Fundación Libertad y Progreso fijó sus expectativas en el 2%. En el extremo superior, la medición sectorial desarrollada por Orlando J. Ferreres & Asociados para el Gran Buenos Aires elevó la marca hasta el 2,1%, completando un panorama donde la tónica general fue el leve incremento de los andariveles inflacionarios.
El peso de los alimentos y el comportamiento por sectores
El motor principal detrás de esta recalentamiento volvió a localizarse en los productos de primera necesidad, castigando con mayor fuerza el poder adquisitivo de los sectores medios y de menores ingresos. El rubro de alimentos y bebidas experimentó un incremento del 2,3%, superando el promedio general y explicando una porción sustancial de la variación mensual. Dentro de esta categoría, los relevamientos de alta frecuencia detectaron oscilaciones marcadas a lo largo de las semanas, con picos pronunciados en verduras, carnes y panificados que neutralizaron los breves retrocesos registrados en el tramo inicial del periodo.
Al desglosar el comportamiento de los precios según su naturaleza, surge que los productos estacionales registraron un salto considerable del 5,8%, mientras que los precios regulados avanzaron un 2,2%. En la vereda de enfrente, la inflación núcleo, aquella que deja fuera de la ecuación a los componentes más volátiles y a las tarifas intervenidas, se ubicó en un terreno más moderado del 1,3%. Entre los aumentos sectoriales que sobresalieron en las estadísticas figuran los bienes varios con un 4,4%, educación con un 2,8%, transporte y comunicaciones con un 2,5%, y salud con un 2,4%, configurando un mapa de incrementos generalizados que abarca a servicios y consumos básicos por igual.
Con el acumulado anual situándose por encima del veinte por ciento en los primeros nueve meses y una variación interanual que roza el treinta y uno por ciento, el escenario económico ingresa en una etapa de definición de cara al tramo final del año. Los próximos anuncios oficiales y las mediciones de alta frecuencia para el décimo mes servirán para determinar si el repunte de septiembre constituyó un bache transitorio dentro de una trayectoria descendente más amplia o si, por el contrario, los precios han encontrado un piso firme del cual resulta complejo descender sin alterar otras variables macroeconómicas fundamentales.




