La persistencia de las caídas interanuales en el sector manufacturero y en la construcción expone con crudeza los límites del modelo económico actual, marcando un freno estructural que ya empieza a condicionar las proyecciones financieras a mediano plazo. Los informes publicados recientemente por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) evidencian que, a pesar de ciertos repuntes mensuales de carácter estacional o parcial, la economía real opera todavía muy por debajo de los registros del año pasado, profundizando un escenario de cautela que se traslada directamente al humor de inversores y analistas privados.
Durante el octavo mes del año, la industria manufacturera registró una contracción de 3,2% en la comparación interanual, mientras que la construcción experimentó un retroceso de 4,4%. Si bien los números arrojaron una leve mejora respecto al mes precedente, el rebote técnico se revela insuficiente para compensar el deterioro acumulado, evidenciando un formato de recuperación en forma de serrucho que dificulta la consolidación de una tendencia alcista firme y sostenida en los principales motores del aparato productivo nacional.
El impacto en la capacidad ociosa y el mercado laboral
El desglose sectorial de la actividad industrial refleja una amplitud preocupante en la crisis, con once de las dieciséis divisiones relevadas en terreno negativo. Los rubros más castigados incluyen la fabricación de maquinaria y equipo, aparatos e instrumentos, vehículos automotores y manufacturas vinculadas al cuero y al calzado. Esta contracción prolongada genera una acumulación de capacidad ociosa que pone bajo presión la rentabilidad empresaria, obligando a las firmas a sostener estructuras mínimas de costos en un contexto donde el consumo interno no termina de despegar con la fuerza necesaria.
Voceros del sector privado advierten que mantener plantas trabajando por debajo de su potencial consume capital de trabajo de manera acelerada, comprometiendo tanto la sustentabilidad de las empresas como los puestos de trabajo formales. La dinámica de los últimos meses, marcada por caídas mensuales pronunciadas como la observada en el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE), llevó a las principales consultoras a replantearse los escenarios de corto plazo, advirtiendo sobre el riesgo latente de ingresar en una recesión técnica trimestral.
Revisión de expectativas y horizonte electoral
Como correlato directo de este freno en la actividad, el Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) que elabora periódicamente el Banco Central reflejó un marcado recorte en las proyecciones de crecimiento del Producto Bruto Interno. La estimación de expansión para el año en curso se redujo a la mitad en comparación con los cálculos iniciales del primer semestre, un ajuste que se produjo sin mediar factores climáticos extremos como sequías ni saltos devaluatorios abruptos en el mercado de cambios.
La desaceleración económica no se detiene en el corto plazo y ya impacta de lleno en la planificación hacia 2027, año en el que se celebrarán los próximos comicios presidenciales. Las proyecciones de crecimiento para dicho período acumulan cuatro meses consecutivos de bajas en las mediciones privadas, reflejando la cautela de los analistas frente a una macroeconomía que logra estabilizar ciertas variables financieras pero encuentra serios obstáculos para dinamizar la inversión genuina, bajar la inflación de manera persistente y garantizar una expansión robusta del empleo y de los ingresos reales.




