El costo de vida continúa reconfigurando los ingresos de los hogares argentinos según los últimos registros oficiales difundidos por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC). Una familia tipo compuesta por dos adultos y dos menores requirió durante el noveno mes del año un piso de ingresos de 1.632.505 pesos para mantenerse por encima de la línea de pobreza, tras registrar una variación mensual del 1,7 por ciento en comparación con los valores relevados durante agosto. El informe estadístico también dimensionó el umbral de la indigencia, fijado en 738.690 pesos para el mismo universo familiar, monto necesario para cubrir exclusivamente los requerimientos alimentarios esenciales que marca la Canasta Básica Alimentaria.
El impacto de estos números refleja la dinámica inflacionaria reciente del país, que en septiembre arrojó un índice general de precios al consumidor del 1,9 por ciento y acumuló un 23,6 por ciento en lo que va del año. Al desglosar los componentes por adulto equivalente, el organismo técnico precisó que una sola persona necesitó 528.319 pesos para no caer en la pobreza y 239.058 pesos para evitar la indigencia. Estas cifras evidencian que el costo de los productos de primera necesidad y los servicios básicos mantiene una presión constante sobre el poder adquisitivo de los sectores asalariados y los jubilados, cuyos ingresos a menudo corren detrás de la evolución de estos indicadores.
El peso de la inflación acumulada en las canastas
En una perspectiva más amplia, la evolución interanual de los indicadores básicos muestra un incremento sostenido que supera los registros inflacionarios generales en algunos rubros sensibles. La Canasta Básica Total acumula un incremento del 24,7 por ciento en el transcurso del año y trepa hasta el 38,7 por ciento en la comparación interanual con septiembre de 2025. Por su parte, la Canasta Básica Alimentaria muestra una trayectoria similar pero levemente superior en su variación acumulada, alcanzando un 25,3 por ciento en los primeros nueve meses del año y un 40,0 por ciento en los últimos doce meses. Estos incrementos reflejan cómo los alimentos consumidos masivamente en los hogares continúan traccionando el costo de subsistencia, golpeando con mayor intensidad a los estratos de menores recursos que destinan la totalidad de sus ingresos al consumo alimentario.
La difusión de estos parámetros económicos ocurre en un contexto de marcada cautela en el consumo interno y con los sindicatos y cámaras empresariales renegociando paritarias mensuales y bimestrales para intentar mitigar la pérdida del poder de compra. Hacia los próximos meses, la atención de los analistas económicos se concentra en la desaceleración inflacionaria que busca consolidar el equipo económico nacional y en la capacidad de recuperación que muestren los salarios frente a una canasta de bienes y servicios que no cede en su marcha alcista.




