Las enfermedades no transmisibles (ENT) continúan consolidándose como el principal desafío sanitario de la Argentina, al explicar el 69,1 por ciento de los más de 376.000 fallecimientos registrados durante el último año en todo el territorio nacional. El dato surge del Boletín de Mortalidad publicado por el Ministerio de Salud de la Nación, un documento técnico que monitorea la evolución epidemiológica de estas patologías crónicas para optimizar los recursos sanitarios y direccionar las políticas de prevención en las distintas jurisdicciones.
El informe detalla que la Tasa de Mortalidad Ajustada por Edad se ubicó en 418,2 casos cada 100.000 habitantes, con un impacto que crece de manera sostenida a partir de la adultez y alcanza su pico más crítico en el segmento de mayores de 75 años. Uno de los aspectos más alarmantes del relevamiento radica en las profundas asimetrías regionales: mientras la provincia de Misiones registró la tasa más alta del país con 603,2 de mortalidad ajustada, Jujuy presentó el indicador más bajo con 305,5, lo que marca casi una duplicación en el riesgo según la geografía de residencia.
Las claves de la medida
Dentro del universo de las enfermedades no transmisibles, el mapa de causas muestra una clara preponderancia de las afecciones del sistema circulatorio y los tumores malignos, configurando el núcleo central de la mortalidad evitable mediante controles oportunos y modificaciones en los estilos de vida.
- Afecciones cardiovasculares: Representan el 40,4% de los decesos por ENT, con la insuficiencia cardíaca y las cardiopatías isquémicas como principales vectores, mostrando además diferencias notables en el perfil de riesgo entre varones y mujeres.
- Cáncer y tumores: Se ubican en el segundo lugar de incidencia con el 23% de las muertes totales vinculadas a este grupo de patologías crónicas.
- Enfermedades metabólicas y respiratorias: Completan el registro la insuficiencia renal con un 3,7%, la diabetes con un 3,4% y los problemas respiratorios crónicos que alcanzan el 2,4%.
- Tendencia histórica favorable: A pesar de su hegemonía estadística, las tasas de mortalidad ajustadas muestran una curva de descenso sostenido del 1,2% anual desde la implementación de los registros sistemáticos en 1997.
Frente a este escenario, las autoridades sanitarias enfatizan la necesidad de reforzar la atención primaria en hospitales y centros de salud de todo el país, priorizando el diagnóstico temprano de la hipertensión arterial, la diabetes y las dislipemias para morigerar el impacto de la mortalidad prematura en la población activa.




