La administración de Javier Milei transita un camino económico que reedita los denominados superávits gemelos, un esquema macroeconómico que no registraba tres años consecutivos de vigencia desde el período comprendido entre 2006 y 2008. De acuerdo con un análisis elaborado por economistas de la Bolsa de Comercio de Rosario, el país acumuló un superávit financiero de 2,6 billones de pesos y una balanza comercial positiva superior a los 18.000 millones de dólares durante los primeros ocho meses del año.
El informe detalla que el saldo fiscal positivo se sostiene a pesar de la dinámica del gasto y los compromisos de deuda, mientras que el sector externo muestra cifras históricas impulsadas principalmente por el desempeño de las exportaciones de combustibles, energía y manufacturas. Los datos recopilados por las especialistas Emilce Terré y Belén Maldonado marcan que la Argentina no experimentaba una racha de treinta y tres meses consecutivos de saldo comercial positivo desde principios de 2013.
El resultado fiscal y la balanza comercial son indicadores clave para analizar la evolución macroeconómica y la disponibilidad de divisas de un país, un escenario que hoy muestra registros inéditos desde la crisis global de 2009.
Radiografía de las cuentas públicas y el comercio exterior
En el plano fiscal, los ingresos totales superaron a los egresos durante el período analizado, arrojando un saldo favorable que se mantiene incluso después de deducir el pago de intereses de la deuda pública. Por el lado del intercambio comercial, las ventas al exterior experimentaron un incremento interanual significativo, traccionadas por una mejora generalizada en todos los sectores productivos, con epicentro en la energía y los productos primarios.
No obstante, el informe advierte sobre el comportamiento de las importaciones, que exhiben una retracción interanual vinculada directamente a la merma en la compra de bienes de capital, piezas y accesorios. Este componente refleja la desaceleración en determinados índices de inversión interna, mientras el saldo positivo del comercio de bienes continúa compensando el déficit estructural que arrastra la balanza de servicios desde hace más de dos décadas.




