El mercado laboral argentino atraviesa un proceso de precarización profunda que ubica la tasa de informalidad en el cuarenta y cinco por ciento durante el segundo trimestre del año. Los números, desprendidos de un análisis elaborado a partir de la Encuesta Permanente de Hogares que publica periódicamente el Instituto Nacional de Estadística y Censos, muestran un retroceso sostenido de las condiciones formales de contratación en comparación con los registros de finales de dos mil veintitrés, cuando el indicador se posicionaba en el cuarenta y uno coma cuatro por ciento.

Este fenómeno de precarización viene acompañado de una transformación estructural en la manera en que la población genera sus ingresos. La proporción de trabajadores asalariados experimentó una retracción al pasar del setenta y tres coma siete por ciento al setenta coma cinco por ciento en el mismo periodo. En paralelo, la modalidad de empleo por cuenta propia registró una expansión significativa, escalando desde el veintidós coma seis por ciento hasta el veinticinco coma cinco por ciento del total de ocupados.

La brecha regional y el impacto en el conurbano bonaerense

La radiografía territorial del empleo irregular expone disparidades pronunciadas entre los grandes centros urbanos del país y las provincias del norte. Mientras que en los aglomerados del Noreste y el Noroeste las tasas de registración deficiente superan holgadamente la mitad de la fuerza laboral, el panorama en la región metropolitana exhibe contrastes marcados. Dentro del territorio bonaerense, el conurbano exhibe un escenario crítico donde la informalidad general trepa al cuarenta y siete coma cinco por ciento, impulsada fundamentalmente por los trabajadores independientes, un sector donde siete de cada diez personas operan por fuera del sistema formal.

A diferencia de lo que ocurre en distritos con alta incidencia del empleo estatal o con economías extractivas de mayor productividad, las zonas urbanas de la provincia de Buenos Aires resienten el impacto de la contracción en la actividad comercial y en la industria de la construcción. En estos rubros, junto con los servicios domésticos y gastronómicos, la falta de aportes previsionales y cobertura médica se transformó en la regla para una porción mayoritaria de los trabajadores que buscan subsistir en un contexto inflacionario y de caída del consumo interno.

La precariedad no solo compromete el ingreso inmediato de los trabajadores, sino que debilita de manera estructural el sistema previsional argentino al recortar la base de cotizantes activos.

El deterioro de los indicadores previsionales también se observa en el segmento de los asalariados, donde el treinta y siete coma nueve por ciento carece de aportes jubilatorios obligatorios. Este registro marca una tendencia negativa de largo plazo si se toma como referencia la situación de una década atrás. Los sectores económicos más castigados por la informalidad continúan siendo el servicio doméstico, que encabeza el listado con más de tres cuartas partes de su personal en la irregularidad, seguido de cerca por la construcción y los rubros vinculados al turismo y la gastronomía.

Hacia adelante, los analistas económicos advierten que la reversión de estos indicadores requerirá de políticas activas de estímulo a la formalización y una recuperación genuina del aparato productivo. La persistencia de este escenario no solo condiciona el poder adquisitivo de los hogares, sino que profundiza la fragmentación social en los cordones urbanos más poblados del país, configurando un desafío complejo para las administraciones provinciales y municipales en materia de fiscalización y asistencia laboral.