La precarización laboral se convirtió en el denominador común de millones de argentinos que, tras quedar atrapados en procesos de despidos o en la reestructuración de sus contrataciones, encuentran en el denominado rebusque la única alternativa para subsistir. Lejos de representar un espíritu emprendedor genuino, este fenómeno expone una estrategia de supervivencia ante la pérdida de poder adquisitivo y el derrumbe del empleo registrado, un escenario que golpea con especial dureza a sectores vulnerables como los jubilados, quienes deben retornar a la actividad mediante plataformas digitales para cubrir sus gastos básicos.
Los indicadores oficiales y universitarios dimensionan el impacto de esta transformación en el tejido productivo. El último informe elaborado a partir de los registros del INDEC ubica la informalidad laboral en el 45 por ciento durante el segundo trimestre del año, marcando un incremento sustancial en comparación con los registros previos al cambio de gestión. En paralelo, el segmento de los cuentapropistas urbanos alcanza niveles críticos de desprotección, donde casi dos tercios de esos trabajadores operan fuera del sistema formal, privados de aportes jubilatorios, obra social y estabilidad garantizada frente a cualquier contingencia.
La expansión de las plataformas digitales y la discusión sobre los puestos creados
Frente a este panorama, las aplicaciones de transporte de pasajeros y reparto experimentaron un crecimiento sostenido de hasta treinta por ciento interanual. Sin embargo, las organizaciones sindicales y los analistas económicos advierten que este incremento responde a una necesidad imperiosa de ingresos antes que a una mejora en la calidad del empleo. Mientras desde el Poder Ejecutivo nacional se destaca la creación de nuevos puestos de trabajo computando también la informalidad, los especialistas recuerdan que una changa o tarea autogestionada no equipara las condiciones ni la previsibilidad de un salario formal.
La discusión de fondo interpela directamente al modelo económico vigente y a la sostenibilidad social de un esquema donde la subsistencia diaria depende exclusivamente de la venta individual de productos o servicios. Sin garantías previsionales ni cobertura médica adecuada, la reconversión forzada de profesionales, empleados industriales y adultos mayores hacia la economía de plataformas plantea interrogantes urgentes sobre el futuro del mercado de trabajo y los derechos laborales básicos en el país.




