Las cuadrillas municipales desplegaron nuevos operativos en distintos puntos del Partido para erradicar unidades en desuso que obstaculizaban el normal desenvolvimiento urbano. Las labores se concentraron en barrios periféricos como Altos de San Lorenzo, Lisandro Olmos y Melchor Romero, además de zonas neurálgicas del casco fundacional y la localidad de Tolosa. Estas intervenciones forman parte de una estrategia integral orientada a devolverle la transitabilidad a las aceras y calzadas, reducir los focos de acumulación de residuos y prevenir la proliferación de alimañas o potenciales criaderos de vectores sanitarios.
El plan de acción se instrumenta bajo la órbita del Programa Municipal de Remoción y Compactación de Vehículos Quemados y Abandonados. La articulación entre la Secretaría de Seguridad y el área de Control Urbano resulta clave para procesar las denuncias vecinales y concretar los relevamientos previos. Hasta la fecha, las estadísticas oficiales señalan que ya fueron sacados de circulación 2.637 rodados, una cifra que evidencia la magnitud del parque automotor deteriorado que ocupaba indebidamente espacios comunes en los barrios platenses.
Un circuito administrativo que culmina en el reciclaje de chatarra con fin solidario
El procedimiento legal que habilita la remoción consta de etapas bien delimitadas. En primer lugar, los inspectores constatan el estado de abandono y buscan individualizar al titular registral mediante las bases de datos disponibles. Una vez cumplido este paso, se procede a adherir una oblea de advertencia sobre la unidad, la cual otorga un plazo improrrogable de diez días hábiles para que el propietario reubique el vehículo por sus propios medios. Si el tiempo transcurre sin novedades, el rodado es acarreado hacia los predios de almacenamiento comunal.
La normativa estipula que, tras un período de guarda de seis meses sin que se presenten reclamaciones legítimas, los automóviles ingresan formalmente al circuito de compactación. Aquellos cascos que ingresan bajo la categoría de vehículos incendiados o cuyos números de chasis y motor resultan imposibles de rastrear son derivados de manera directa al procesamiento industrial. Más allá del ordenamiento estético y la mejora en la seguridad vial, el esquema posee un fuerte impacto solidario. La comercialización del material ferroso reciclado permitió recaudar 39 millones de pesos, fondos que fueron canalizados en forma de aportes económicos directos hacia el Hospital de Niños Sor María Ludovica para la adquisición de insumos y mejoras edilicias.




