El Fondo Monetario Internacional (FMI) actualizó sus proyecciones para la economía global y local, recortando de manera significativa la previsión de crecimiento para la Argentina durante el corriente año. En su informe sobre Perspectivas de la Economía Mundial, el organismo situó la expansión esperada del Producto Bruto Interno en el 2,1%, lo que representa una reducción de más de un punto porcentual en comparación con el cálculo anterior, que auguraba un incremento del 3,5%. Pese a este ajuste, la estimación del organismo multilateral se mantiene un escalón por encima de los pronósticos que manejan los analistas locales reunidos en el Relevamiento de Expectativas de Mercado que coordina el Banco Central, donde el cálculo de crecimiento se ubica en el 1,5% para este período y en el 3% para el año próximo.
La presentación de estas cifras se da en el marco de la reunión anual del organismo que se lleva adelante en Tailandia, un cónclave donde la delegación nacional integrada por el ministro de Economía, el viceministro y el titular del Banco Central mantiene encuentros técnicos para discutir el rumbo de las cuentas públicas. Los técnicos del Fondo remarcaron que, si bien el proceso de recuperación local continuará a un ritmo más pausado tras el rebote registrado en el ciclo previo, se vislumbran mejoras graduales en frentes sensibles como la desaceleración inflacionaria, la estabilidad en los niveles de empleo y un cambio de tendencia en el sector externo, donde la cuenta corriente pasaría a mostrar terreno superavitario.
Vaca Muerta y el factor energético frente a la restricción financiera global
El diagnóstico del organismo multilateral para el país expone una dualidad marcada por fortalezas estructurales y exigencias externas complejas. Del lado de los factores favorables se ubica el escenario energético internacional, apuntalado por cotizaciones sostenidas del petróleo y el gas natural que potencian las proyecciones de exportación. Este contexto incrementa de forma directa el atractivo para la radicación de inversiones en yacimientos no convencionales como Vaca Muerta, consolidando al sector hidrocarburífero como uno de los principales motores para la generación de divisas genuinas en el mediano plazo, aun cuando el encarecimiento de insumos y fertilizantes agregue presión sobre determinados segmentos de la cadena agroindustrial.
En la vereda opuesta, las condiciones financieras internacionales se perfilan como el principal escollo para sostener el ritmo de la actividad. El documento advierte sobre la persistencia de una deuda pública global elevada y rendimientos de bonos soberanos en máximos de varias décadas, lo que se traduce en costos de endeudamiento más altos y una menor tolerancia de los mercados hacia los desequilibrios macroeconómicos de los países emergentes. Este escenario de restricción externa se complementa con un magro dinamismo regional, ya que se proyecta que América Latina crezca apenas por encima del dos por ciento anual, con una desaceleración en Brasil que acotará el margen para el intercambio comercial. Para el Gobierno, el desafío central consistirá en consolidar los equilibrios fiscales y monetarios en un entorno global condicionado por tasas de interés estrictas y una profunda reconfiguración tecnológica cuyos beneficios se concentran, al menos por ahora, fuera de los mercados latinoamericanos.




