El acompañamiento cotidiano de las tareas escolares por parte de los adultos no siempre se traduce en un beneficio directo para el desarrollo académico de los chicos. De acuerdo con datos aportados por el Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA), el 68 por ciento de los niños y adolescentes recibe asistencia con sus deberes en el país. Dentro de ese universo, el 88 por ciento cuenta con el respaldo de sus padres, una cifra que trega al 81 por ciento en el nivel primario y desciende al 51 por ciento en el secundario, evidenciando una fuerte presencia familiar en la rutina pedagógica.

Sin embargo, psicopedagogas e investigadoras en educación alertan que ciertas metodologías hogareñas generan el efecto contrario al deseado. Lejos de estimular la autonomía, prácticas desacertadas pueden derivar en cuadros de frustración, rechazo hacia las instituciones educativas y una dependencia excesiva de la figura adulta a la hora de resolver consignas complejas. La clave, según coinciden los profesionales del área, radica en transicionar desde un rol de resolución directa hacia uno de guía y facilitador.

Las claves para un acompañamiento efectivo sin caer en la presión

Entre los factores determinantes que condicionan el rendimiento se encuentra el contexto físico y temporal. La psicopedagoga Agustina Casalongue enfatizó la necesidad de generar un espacio propicio, sugiriendo seleccionar momentos en los cuales los menores no arrastren el cansancio acumulado de la jornada escolar, además de suprimir estímulos distractores como pantallas o televisores, y ponderar el esfuerzo diario por sobre los premios materiales.

Por su parte, Karina Bergé, referente en la materia, profundizó sobre la dinámica específica que se despliega frente a los cuadernos y carpetas. Las especialistas remarcaron que el objetivo primordial no consiste en hacer las tareas en lugar de los estudiantes, sino en dotarlos de herramientas analíticas.

"El acompañamiento debe adaptarse a cada etapa evolutiva; los adultos podemos intervenir inicialmente para luego reducir progresivamente nuestra participación, permitiendo que los chicos aprendan a resolver las actividades por cuenta propia", señalaron desde el ámbito profesional, marcando distancia de aquellas conductas que convierten el momento de estudio en una fuente constante de tensión doméstica.

Entre las fallas más habituales detectadas en los hogares figuran la utilización de métodos pedagógicos obsoletos que difieren de los implementados en las aulas, la asunción de que una única explicación escolar garantiza la comprensión total, la focalización exclusiva en los errores y la peligrosa costumbre de utilizar las comparaciones con pares o hermanos como mecanismo de presión motivacional, prácticas que terminan socavando la autoestima infantil.