El sistema financiero argentino atravesó uno de sus períodos de mayor tensión en el segmento de créditos a individuos, luego de que la morosidad trepara hasta tocar un alarmante 13%. Este deterioro profundo en las carteras de los bancos no constituyó un evento aislado ni repentino, sino la culminación de una secuencia iniciada a principios de 2025, cuando las dificultades para cancelar los resúmenes de tarjetas de crédito encendieron las primeras luces de alarma en las entidades del sector.

El fenómeno se propagó rápidamente. A medida que los usuarios acumulaban deudas con los plásticos, una parte significativa de los clientes comenzó a solicitar préstamos personales con tasas supuestamente más bajas para intentar rescatar sus finanzas cotidianas. Esta maniobra provocó que el estrés financiero saltara de las tarjetas hacia el resto de las líneas de consumo, afectando a amplios sectores de la población que vieron mermada su capacidad de pago frente a la suba generalizada del costo de vida y la evolución de los ingresos.

Las claves de la medida

El análisis pormenorizado de las carteras bancarias demuestra que el impacto no distinguió clases sociales de manera estricta, golpeando tanto a los sectores medios como a segmentos de mayores recursos, aunque los jóvenes adultos y los hogares de menores ingresos sufrieron la peor parte debido a su menor margen de ahorro previo.

  • Salto en el indicador de revolving: El porcentaje de clientes que dejó saldo financiado de un mes al otro trepó del 15% histórico hasta tocar el 32% durante los primeros meses del proceso de crisis.
  • Efecto contagio: La imposibilidad de cancelar los resúmenes derivó en una migración hacia préstamos personales, trasladando el riesgo crediticio a todo el sistema minorista.
  • Blindaje corporativo: A diferencia de las familias y las pequeñas empresas vinculadas al consumo, las grandes corporaciones y los sectores exportadores mantuvieron indicadores saludables y compensaron la caída del crédito masivo.
  • Restricción y recuperación: Ante el incremento de los impagos, las entidades financieras endurecieron los requisitos de aprobación, una tendencia que comienza a revertirse de forma gradual tras detectarse un techo en los niveles de morosidad.

Hacia adelante, las entidades estiman que el indicador general de incumplimiento mostrará una trayectoria descendente en los próximos meses, impulsado por una mejora en la mora temprana. Sin embargo, los analistas coinciden en que la reconstrucción total del negocio crediticio demandará un proceso prolongado de estabilización macroeconómica hasta retornar a parámetros habituales para la región.