La televisión argentina respira aliviada luego de que se confirmara el egreso sanatorial de una de sus máximas figuras históricas. Mirtha Legrand abandonó las instalaciones del Sanatorio Mater Dei pasadas las 17 horas, tras completar de manera exitosa el tratamiento antibiótico y el esquema de rehabilitación kinesiológica que los profesionales de la salud le pautaron durante las últimas semanas. La noticia fue recibida con beneplácito por sus seguidores y familiares, quienes acompañaron de cerca el proceso clínico que comenzó el pasado 18 de septiembre a raíz de una descompensación respiratoria que obligó a su reingreso hospitalario.

El director médico de la institución, Enrique Echagüe, fue el encargado de rubricar el parte médico oficial que ratificó la evolución favorable de la paciente y su posterior traslado en un automóvil particular hacia su domicilio. Durante las casi tres semanas que duró su estadía en el centro de salud ubicado en el barrio porteño de Palermo, la animadora estuvo bajo un riguroso monitoreo multidisciplinario que incluyó controles clínicos, nutricionales y sesiones diarias de kinesiología para recuperar masa muscular y movilidad tras el prolongado reposo. El equipo médico optó por la prudencia en cada uno de los comunicados emitidos, priorizando la estabilidad de la conductora por sobre cualquier especulación en torno a los plazos de su salida definitiva.

Un paréntesis en la pantalla chica y el rol de Juana Viale

La prolongada ausencia de la emblemática presentadora alteró la dinámica habitual de la programación de El Trece, donde su clásica mesaza del fin de semana debió ser sostenida íntegramente por su nieta, Juana Viale. Desde el 29 de agosto, fecha en la que Legrand condujo su último envío antes de sufrir las primeras afecciones de salud, la joven actriz asumió el mando tanto de las cenas sabatinas como de los almuerzos dominicales. Lejos de mantenerse ajena a la dinámica televisiva, la propia Viale se encargó de transmitir tranquilidad a la audiencia durante las emisiones recientes, revelando con simpatía que su abuela seguía cada detalle de los programas desde la habitación del sanatorio y que, fiel a su estilo exigente, no tardaba en hacerle llegar sus observaciones y devoluciones apenas bajaba el telón.

El entorno familiar, integrado por su hija Marcela Tinayre y sus nietos Nacho y Juana Viale, mantuvo un acompañamiento constante junto a la paciente, alternando visitas y gestos de agradecimiento hacia las muestras de afecto provenientes tanto del público como de colegas del medio artístico. Con el alta ya concedida, el desafío inmediato para la diva de los almuerzos se centrará en cumplir con el periodo de convalecencia en su hogar, a la espera de que los médicos evalúen en el mediano plazo su eventual regreso a los estudios de grabación.