La irrupción de la inteligencia artificial generativa en el entramado corporativo nacional atraviesa una etapa de marcada dualidad, caracterizada por un entusiasmo generalizado por incorporar nuevas herramientas pero una profunda escasez de estructuras formales para administrarlas. Un informe elaborado por Goldman Sachs Research situó a la Argentina con una tasa de adopción inferior al 10%, la más baja entre 28 naciones analizadas, mientras que las economías desarrolladas operan en un rango de entre el 15% y el 20%.

A esta estadística se suman mediciones globales como el Global Pulse de KPMG, que advierte que apenas una fracción menor de los directivos consultados logró establecer un retorno de inversión medible tras implementar soluciones tecnológicas. En el plano local, el escenario se traduce en experiencias fragmentadas que van desde inmobiliarias que experimentan con retoques digitales hasta estudios jurídicos que adoptan modelos de lenguaje sin protocolos estrictos de confidencialidad o manejo de datos sensibles.

Las claves de la medida

Para ordenar la transición tecnológica en el ámbito corporativo y evitar implementaciones deficientes, especialistas y referentes sectoriales remarcan una serie de consideraciones fundamentales:

  • Capacitación del personal: Es indispensable formar a los equipos de trabajo para reducir la resistencia interna y aprovechar al máximo las capacidades de los algoritmos.
  • Marcos de gobernanza: Las organizaciones deben establecer reglas claras de uso, ciberseguridad y supervisión para evitar filtraciones de información o errores operativos.
  • Retorno de inversión medible: Conviene enfocar la tecnología en resolver cuellos de botella específicos, como la atención automatizada o la gestión de datos repetitivos.
  • Adopción escalonada: Desarrollar pruebas piloto antes de masificar el uso de agentes virtuales ayuda a mitigar fallas y optimizar los costos operativos.

En paralelo, distintos sectores económicos muestran niveles de exposición muy dispares. Estudios recientes indican que las actividades financieras, los servicios profesionales y las áreas tecnológicas lideran la integración de estos recursos, impulsados principalmente por estructuras de mayor envergadura que disponen de recursos para planificar su transformación digital a mediano plazo.