La frágil tregua financiera que había mostrado la plaza local durante las primeras ruedas de la semana se interrumpió de manera abrupta. El indicador que elabora la banca JP Morgan abandonó la trayectoria descendente que venía experimentando y registró un incremento de 13 unidades para ubicarse en los 586 puntos básicos. Aunque el índice logró mantenerse por debajo de la barrera psicológica de las 600 unidades, cifra que llegó a rozar durante las primeras horas de la actividad bursátil, el movimiento dejó en evidencia la sensibilidad del mercado ante los vaivenes externos.
El retroceso estuvo motorizado principalmente por una nueva caída en la cotización de los bonos soberanos en moneda extranjera. Tanto los títulos bajo legislación local como los Globales sufrieron mermas que oscilaron en torno al uno por ciento, diluyendo gran parte del terreno recuperado en los días previos. Este comportamiento reflejó el fin del impulso inicial que habían recibido los activos de la región tras los comicios en Brasil, un evento que había logrado inyectar optimismo de manera transitoria pero que demostró ser insuficiente para consolidar una tendencia positiva duradera en el plano local.
La sombra de las tasas internacionales y el impacto en las reservas
Detrás de este reacomodamiento de carteras se encuentra un factor de peso global: el endurecimiento de las condiciones en las economías desarrolladas. Los rendimientos de los bonos del Tesoro de Estados Unidos a diez años volvieron a escalar hasta la zona del 5,3%, un movimiento que desató una salida generalizada de capitales de los mercados emergentes y fortaleció al dólar a escala global. Analistas del sector coincidieron en señalar que la plaza doméstica continúa operando en un modo defensivo, donde persisten interrogantes estructurales vinculados a la dinámica de acumulación de reservas internacionales, los compromisos de financiamiento de mediano plazo y las dudas persistentes sobre el escenario electoral futuro.
La onda expansiva de este clima más adverso golpeó con dureza a los ADRs argentinos que operan en la Bolsa de Nueva York, los cuales se tiñeron por completo de rojo. Las mayores bajas se concentraron en el segmento financiero, con retrocesos marcados en las principales entidades bancarias privadas. En sintonía con este panorama internacional, el índice S&P Merval de la Bolsa porteña también acompañó la tendencia contractiva con una caída del 2,5%, ubicándose en terreno negativo tanto en su lectura en pesos como al ser ajustado por el dólar contado con liquidación.
En el mercado de cambios, el dólar oficial mayorista experimentó una ligera contracción para cerrar en las cercanías de los 1517 pesos, ensanchando la distancia respecto al techo de la banda cambiaria. Por su parte, el segmento minorista operó con una leve suba que lo devolvió a sus máximos nominales del año, mientras que los dólares financieros operaron mixtos, con el contado con liquidación mostrando una ligera suba en una jornada donde predominó la selectividad y la prudencia de los grandes operadores.




