El productor televisivo Gustavo Yankelevich decidió romper este lunes un pacto de silencio familiar que se extendió durante doce años. En una extensa comunicación telefónica con un ciclo de espectáculos de la televisión abierta, el referente de la industria artística expuso por primera vez los detalles más aberrantes de la violencia física y psicológica que sus nietos, Franco y Valentín, sufrieron en su infancia a manos de su padre, Darío Giordano. La decisión de hablar públicamente se materializó luego de que los jóvenes decidieran contar su verdad en diferentes entrevistas periodísticas, destapando una trama oculta que involucró a los tribunales de familia, a la Oficina de Violencia Doméstica y a un operativo de rescate silencioso que se extendió durante meses.
El testimonio de Yankelevich dejó al descubierto la estrategia legal y de protección que debieron coordinar de urgencia para evitar que los menores regresaran a un entorno que describieron como hostil. Según el relato del productor, el clan familiar mantuvo el secreto bajo estricto hermetismo debido a que la tenencia de los adolescentes se encontraba sujeta a constantes revisiones judiciales y monitoreos diarios. En ese delicado escenario institucional, cualquier declaración pública en los medios de comunicación podía entorpecer el proceso legal y poner en riesgo la integridad física de los chicos.
Un pacto de silencio sostenido por la justicia y el temor
Durante la charla televisiva, el productor recordó con la voz quebrada el momento exacto en que dimensionó la gravedad del caso. Todo comenzó cuando uno de sus nietos le expresó su deseo de mudarse a su casa, aunque inicialmente ocultó los episodios de agresión física. Tras un diálogo tenso con el padre de los menores, en el cual obtuvo una negativa tajante bajo el argumento de que él era "el dueño" de los chicos hasta la mayoría de edad, las piezas comenzaron a encajar en la mente del experimentado director.
Me dijo: 'Cuando papá se enteró que yo te pedí a vos de ir una semana a tu casa, me cagó a trompadas, me desmayó a golpes'.
El punto de inflexión definitivo ocurrió tras el llamado de la madre de una amiga de Valentín, a quien el joven le había confesado el terror cotidiano que vivía en su hogar. Ante esa alerta externa, Yankelevich decidió actuar por cuenta propia: retiró a los adolescentes del colegio con la debida autorización, los acompañó a realizar la denuncia penal correspondiente y se puso al frente de un proceso judicial que derivó en la intervención de la Corte Suprema y de la Defensoría Pública de Menores. El productor también aclaró que, mientras los hermanos mayores lograron ser rescatados de ese entorno, solicitó expresamente que su hermana menor, Azul, continuara bajo el cuidado de su padre, ya que los informes profesionales indicaban que el hombre nunca había ejercido violencia directa contra ella.




