La comunidad de Melchor Romero atraviesa horas críticas ante una situación de aislamiento que impacta de manera directa en la rutina diaria y, de forma más alarmante, en la continuidad pedagógica de los niños y jóvenes de la zona. Las familias del barrio aseguran que ya se cumplieron dos semanas sin poder enviar a los chicos a las escuelas debido a la intransitable condición de los accesos y las calles internas, un escenario agravado por la falta de obras estructurales que habían sido acordadas previamente con funcionarios del área de hábitat.

El malestar vecinal tiene como principal antecedente las promesas formuladas por el subsecretario de Desarrollo e Integración de Barrios Populares, Juan Sábato, en el marco de la inauguración de las 175 viviendas destinadas a sectores vulnerables de este punto de la periferia platense. En aquella oportunidad, las autoridades nacionales y locales se comprometieron a desplegar un plan de urbanización que incluyera mejoras sustanciales en la red vial y los desagües pluviales. Sin embargo, el tiempo transcurrió sin que se registraran maquinarias en las calles ni avances concretos, lo que dejó a los nuevos complejos habitacionales y a los asentamientos linderos desconectados del tejido urbano formal cada vez que se registran precipitaciones o crecidas en los arroyos de la región.

Promesas incumplidas y una crisis social que se profundiza en la periferia

La falta de respuestas oficiales generó un profundo desencanto entre los frentistas, quienes remarcan que la asistencia escolar se redujo a cero porque los colectivos y vehículos particulares no pueden ingresar al sector. Esta circunstancia expone una problemática estructural más amplia que afecta a diversos asentamientos y barrios populares del partido de La Plata, donde las intervenciones urbanas suelen quedar atadas a disputas presupuestarias o demoras burocráticas entre los distintos niveles del Estado. Mientras las familias continúan organizándose para visibilizar el reclamo mediante cortes de calle y petitorios formales, la ausencia de respuestas por parte de las carteras ministeriales alimenta un clima de tensión que amenaza con escalar en los próximos días si no se instrumenta un operativo de emergencia para garantizar la transitabilidad mínima en los accesos comprometidos.