La persistencia de una vecina convertida en una advertencia trágica expone las demoras estructurales en la infraestructura vial de la región. Marta Palmeyro, una docente jubilada y exempleada municipal de 77 años, dedicó gran parte de sus últimos años a visibilizar los riesgos de circulación en el tramo de la ruta 88 que conecta con el barrio Colinalegre. Lo que comenzó como un expediente legislativo impulsado por ella misma en 2017 terminó transformándose, nueve años más tarde, en el escenario exacto de su fallecimiento, tras ser embestida por una camioneta que salía de la planta de Verificación Técnica Vehicular (VTV) en la zona de Batán.

El caso trascendió el dolor familiar y se transformó en una causa colectiva liderada por Mario Gravina, uno de sus cuatro hijos. Mediante una presentación formal ante organismos provinciales y municipales, la familia documentó una serie de incidentes fatales que desnudan la peligrosidad del trazado. Según el relevamiento incorporado en el expediente 2026-E-1796, entre mayo de 2017 y septiembre de 2026 se registraron al menos trece siniestros viales en el segmento comprendido entre los kilómetros 7,5 y 9,5, con un saldo luctuoso de nueve víctimas fatales. La estadística revela una preocupante concentración de hechos con idéntica mecánica en el acceso principal a una comunidad que supera los 1.500 habitantes.

La reiteración de un patrón mortal en el asfalto

El análisis técnico presentado por la familia detalla que dos de los siniestros fatales ocurrieron con menos de seis meses de diferencia y bajo características simétricas. En marzo de 2026, un automovilista perdió la vida cuando su vehículo fue impactado lateralmente mientras intentaba incorporarse a la cinta asfáltica desde el predio de la VTV. Meses después, el 8 de septiembre, Palmeyro sufrió una colisión de similares características al intentar cruzar la arteria para realizar un giro hacia la izquierda, un movimiento que las cámaras de seguridad de la zona registraron antes del impacto de pleno sobre el lateral del automóvil.

Para los vecinos y familiares, estos episodios no responden al azar sino a deficiencias crónicas en el diseño vial, la señalización y la falta de colectoras o distribuidores de tránsito adecuados para una zona que multiplicó su caudal vehicular en la última década. El reclamo actual no apunta a dirimir culpas judiciales individuales, sino a exigir un estudio integral de ingeniería vial que contemple reductores de velocidad, cartelería específica y modificaciones sustanciales en los ingresos y egresos que utilizan cotidianamente los residentes y los usuarios de la planta de verificación.

"Mi madre había dedicado décadas de su vida a esa comunidad. Recuerdo el orgullo con el que me llamó entonces para contarme que había alzado la voz por algo que consideraba justo. Nueve años después, perdió la vida en esa misma ruta", expresó Mario Gravina.

El expediente ya se encuentra formalmente en tratamiento dentro del Concejo Deliberante local, donde se espera que los ediles deriven los requerimientos formales al Ministerio de Infraestructura bonaerense y a Vialidad Provincial. Mientras las familias de las víctimas continúan reclamando respuestas institucionales, la comunidad de Colinalegre transita los días con la urgencia de una obra pendiente que evite nuevas tragedias en un tramo catalogado como crítico por los propios habitantes de la zona.