La histórica hegemonía del asado y los cortes vacunos en la mesa de los argentinos atraviesa un punto de inflexión definitivo. En un giro sin precedentes para los registros estadísticos del país, el consumo acumulado de carne aviar superó por primera vez al de la tradicional carne vacuna, un fenómeno que refleja la fuerte presión inflacionaria sobre el poder adquisitivo y una modificación estructural en las preferencias alimentarias de la población.
De acuerdo con un análisis difundido por el Instituto de Estudios sobre la Realidad Argentina y Latinoamericana (IERAL), dependiente de la Fundación Mediterránea, el consumo promedio de pollo trepó hasta ubicarse en los 47 kilos por habitante al año. En la vereda de enfrente, el consumo de carne bovina retrocedió hasta los 46,7 kilos anuales por persona, cediendo un liderazgo que se mantuvo inalterable durante décadas.
La brecha de precios como motor del cambio
El factor determinante detrás de esta transformación radica en la asimetría de los valores en las góndolas y carnicerías. La pérdida de poder adquisitivo de los salarios empujó a los consumidores a buscar alternativas más accesibles para cubrir las necesidades proteicas del hogar. En este escenario, la carne de cerdo también consolida su expansión al registrar marcas récord que se ubican en torno a los 20,1 kilos por habitante al año, aunque todavía lejos de los volúmenes que manejan la avicultura y la ganadería vacuna tradicional.
"Con el valor de un kilo de carne vacuna pudieron comprarse aproximadamente tres kilos y medio de pollo, o alternativamente, casi dos kilos de cerdo", detalla el informe elaborado por los especialistas económicos.
La relación de precios en los últimos doce meses demostró que adquirir un kilo de corte vacuno equivalía prácticamente a pagar 3,6 kilos de pollo entero o 1,9 kilos de pechito de cerdo. Esta ecuación financiera obligó a las familias a rediseñar su presupuesto semanal, desplazando de manera sostenida el consumo de res hacia variantes más económicas pero de alto rendimiento nutricional.
Perspectivas y el boom del huevo
Las proyecciones del sector privado indican que este comportamiento no constituye una anomalía transitoria, sino una tendencia consolidada. Desde el Centro de Empresas Procesadoras Avícolas estiman que la ingesta de carne avícola podría superar la barrera de los 50 kilos por habitante al año en el corto plazo, traccionada por inversiones en tecnología de producción y una cadena de valor que demostró mayor flexibilidad frente a las oscilaciones macroeconómicas.
En paralelo, este reordenamiento del consumo proteico encuentra un correlato directo en la demanda de subproductos. Las estadísticas de la Cámara Argentina de Productores e Industrializadores Avícolas marcan un incremento exponencial en la incorporación de huevos a la dieta cotidiana, escalando hasta superar las 430 unidades anuales por habitante. De esta manera, el mercado alimentario argentino redefine sus coordenadas básicas, desplazando el eje cultural de la ganadería tradicional hacia nuevas opciones de subsistencia económica.




